Florencia Etcheves: “El 99% de las mujeres fuimos abusadas”

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La autora de “Cornelia” estuvo en el stand de Leamos en la Feria del Libro contando los entretelones de sus novelas y de las investigaciones policiales que cubrió.

Invitada a participar en una entrevista pública en el stand de Leamos y Grandes Libros en la Feria del Libro, Florencia Etcheves —que actualmente conduce Meta Data por el canal TN— habló con Patricio Zunini de su novela más reciente, Cornelia (Planeta), y de su experiencia de más de 15 años como periodista de policiales. Fue un encuentro interesantísimo. Aquí las frases más destacadas.

Las protagonistas de sus novelas. Me fascina la estructura emocional que tenemos las mujeres a la hora de cometer o ser víctimas de crímenes, porque me fascina también el poder de recuperación que tenemos. Pero cuando escribo nunca pienso en cuestiones de género: pienso en una historia que me llame la atención y que quiera contar. El personaje que no me sirve para eso, no me interesa. A veces me sirve que la víctima sea mujer y en otras situaciones que no.

El origen de la ficción. Algo que siempre me llamó la atención como periodista —sobre todo, en los más de 15 años que hice crónica policial— fueron las consecuencias de los actos. Cada vez que iba a cubrir un crimen, sin importar quién era la víctima y quién el victimario, me quedaba pensando en cómo sería la vida, dentro de cinco o diez años, del sobreviviente, el asesino, los testigos. Este hecho que estoy contando: ¿qué consecuencias puede tener a futuro? Por supuesto, la nota se termina y mañana tenés otro crimen y uno nunca termina de saber qué pasa con esa gente una década después, les perdés el rastro. Así que me dediqué a inventarlo.

María Marta García Belsunce. Cubrí el caso prácticamente entero, desde que se supo que la habían matado. Durante casi dos años, mi trabajo exclusivamente tuvo que ver con ese crimen. Era como la “gerenta” de Belsunce. Tenía que dedicarme a producir todo el material que se generaba al aire sobre el crimen. Conocí a todas las partes del proceso: a la familia, al fiscal, a los testigos. Sé las frases de memoria de esa causa. En un momento hasta sabía las páginas de los expedientes.

Un rompecabezas de mentiras. Desde el minuto cero, avanzo hacia una fuente sabiendo que va a mentirme. A lo mejor no con voluntad de hacerlo; a lo mejor sí. Pero la versión de lo que me va a contar está teñida de su parcialidad. Por eso, en los casos policiales es fundamental ver el expediente. La querella y el abogado defensor te van a mostrar las partes que le son beneficiosas. Y en el medio está la verdad. Entonces vos vas armando un rompecabezas.

Los tiempos muertos. La gente sigue los casos policiales como si fueran una película y a veces cree que la investigación, desde que apareció el muerto hasta que condenan al asesino, tiene que durar 90 minutos. O 120, si te copan las películas largas. La verdad es que no es así. Entonces, cuando cubrís crímenes muy resonantes, te dicen por la calle “Vos sabés algo más que no dijiste”. ¡No! Por qué me lo guardaría, si mi trabajo es contarlo. Yo no sé más. Probablemente lo sepa antes, pero no más.

Cómo contar una historia. Desde el Nuevo Periodismo cambió mucho la manera de contar las noticias y creo que las policiales se prestan más para los toques literarios. No es lo mismo contar en jerga policial que los policías entraron en la escena de un crimen donde había una mujer asesinada, que decir que lo primero que vieron fue rouge en la almohada de la cama. Eso antes sólo se permitía en la novela; hoy lo podés leer tranquilamente en un diario y no te hace ruido ni te llama la atención ni le quita mérito a la información dura que después el periodista descarga en la nota. Podés arrancar así. Y yo ya tengo muchas más ganas de saber: si al policía le llamó la atención que la almohada estaba manchada de rouge ya me volví loca, quiero saber todo.

Del tacho a la tapa. Las pinceladas literarias le dieron una mirada distinta a la crónica policial, que siempre era como el tacho de basura del diario. Siempre estaba en las últimas páginas. Los diarios de sucesos policiales estaban escondiditos en los kioscos, con el porno. La sección policial era el tacho de basura: venía al final. Lo sé porque era la única que me interesaba y pasaba rápido las hojas para llegar. Y hoy por hoy es la tapa de diarios tradicionales como La Nación.

Violencia machista. En los medios ya no se cubre como hechos aislados, sino como una mecánica criminal. Dejaron de cubrirse como hechos pasionales y pasaron a cubrirse como se tienen que cubrir: la violencia de género es un hecho público. No es un problema de dos. Si estás en tu casa y escuchás que tu vecino le está pegando a tu vecina, no es un problema de ellos: tenés que hacer algo. Por supuesto no queremos héroes que vayan a golpear la puerta y enfrentarse a quién sabe qué, pero tenés que llamar a la policía. Tenés que cruzarte a esa mujer al día siguiente y decirle “Lo que necesites, estoy”. A veces reaccionamos más que cuando a alguien le roban un auto que cuando le están pegando a una mujer.

Abuso. #NiUnaMenos tuvo mucho de cambio de cultural. Tanto hombres como mujeres empezamos a ver que, por ejemplo, al 99,9% de las mujeres nos ha pasado que te apoyen o te toquen sin tu consentimiento en el transporte público. Y que es algo que no podemos naturalizar porque es un abuso: el 99% de las mujeres fuimos abusadas. De a poco, se está dando un cambio cultural. Soy de las feministas que consideran que los varones tienen que estar en esta pelea. Este es un tema social, un tema de todos.

Cosas de varones. Hay que criar niñas seguras de sí mismas. Siempre digo que tenemos que dejar de educar princesas porque las estamos mandando a la guerra con una varita mágica. Hay que criar niñas para que puedan hacer todo lo que quieran y todo lo que sueñan. Aunque sea una actividad “de varones”. Y generalmente, en este punto, a las niñas se les permite más las cosas “de varones” —con muchas comillas— que a los varones cosas “de niñas”. Por ejemplo, hay un montón de escuelitas de fútbol femenino. Hay rugby femenino. Si una nena te dice “Quiero ir a jugar al fútbol”, está buenísimo. Y si un nene te dice que quiere hacer valet, qué hacés. ¿Por qué un varón no puede jugar con una cocinita? A lo mejor es un chef en potencia. Los papás y las mamás tenemos que abrir más la cabeza.

Infobae / vm.

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