Fotógrafo argentino ganó el premio García Márquez por sus imágenes de Ni Una Menos

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Pocos días atrás, en Colombia, el fotógrafo argentino Leo Vaca ganó el premio Gabriel García Márquez en la categoría Imagen. El jurado se decidió por su trabajo, una cobertura distinta, poética, de una manifestación multitudinaria, la tercera de Ni Una Menos en Buenos Aires, en junio de 2017.

Había quedado finalista junto a otras dos investigaciones interesantes, de largo aliento, una sobre la ruta de la cocaína en el Naya, zona de montañas y riesgo colombiana, y otro sobre un refugio, en México, de exprostitutas, publicado en el New York Times.

Vaca es un fotógrafo de larga trayectoria, buena parte de la cual desarrolló en Clarín. Y celebra el premio atento también a las críticas y ataques que recibió desde algunos sectores de esa masa feminista heterogénea. Por ser varón. Por no representar, con sus retratos misteriosos y solitarios, al movimiento multitudinario. Vaya osadía, para muchas activistas, esta de haber recortado, en retratos individuales y delicados, lo que debía ser un único cuerpo de miles de rostros. “Es un tema delicado -dice Leo-, que representa muchas muertes, mucho dolor. No es que saqué lindas fotos de un partido de fútbol. Por eso, entiendo que haya gente que puedas sentirse dolida o no entienda mi poética, o mi fotoperiodismo”.

Una de las fotos premiadas de Leo Vaca.

Cuando le pidieron que cubriera la marcha, para la revista AnfibiaLeo preguntó si su género no sería un problema, y a los editores les pareció adecuado que lo hiciera él, un hombre.

“Para no hacer una cobertura tradicional, se me ocurrió llevar un vidrio esmerilado que tenía guardado, lo puse en un bastidor y con ese marco propuse hacer retratos a las mujeres durante la marcha, en la plaza, a través del vidrio. Quedó una manera muy diferente de mostrar lo que es una manifestación masiva, porque son imágenes muy solitarias. Pero para mí representan esa manifestación”.

Las primeras le dijeron que no, un poco asustadas. Pero otras jugaron con él, tomaron el marco entre sus manos y se dejaron fotografiar, con luz solar y de noche. El resultado es asombroso.

“No quería representar la manifestación, la masificación, a través de unos retratos tan sutiles e independientes. En una charla que di, en una escuela de fotografía una chica me cuestionó porque decía que no representaban lo que era una manifestación. Estoy de acuerdo con eso. Ella tenía 15 años y era la tercera marcha a la que iba, lo cual marca un momento histórico que me parece genial. Y otra mujer se puso de pie y dijo que había sido víctima de violencia y que ella sí se sentía representada. Las fotos las termina de completar el observador. Yo tomé un riesgo y tuve buena repercusión, ni bien publicada la nota y ahora, con el premio. Muchos pueden sentir que no representan al feminismo pero yo lo hice con buenas intenciones, acompañando la causa y con total respeto. Los hombres también podemos acompañar, creo que esto es un movimiento que involucra a toda la sociedad, que tiene que resetearse a cada instante, y en buena hora que esto haya llegado y crezca”.

– ¿Habías cubierto otras marchas de NUM?

Sí, fui a la primera, que fue increíble, llegué temprano, porque era editor y coordinaba a un grupo de fotógrafos, me senté en un bar y, cuando quise salir, no pude de la cantidad de gente que había y pasaba como un río, no lo podía creer. Me acuerdo que ahí también, algunos grupos atacaban a los fotógrafos hombres, por ser hombres. Son cosas que a veces suceden. A mí ahora me cuestionan, a través de un mail anónimo que hacen circular, un grupo de mujeres feministas, fotógrafas. Trato de no darle mucha entidad porque no sé quiénes son y me parece que está bueno dar la cara. Terminan el mail diciendo EleNao, como a Bolsonaro. Pero yo hice mis fotos con mucho respeto, valoro la actividad que están haciendo las mujeres, y no fue un trabajo que hice al azar, tengo 25 años en la fotografía, y una trayectoria que me avala. Las fotos han recibido un premio, también por una temática que es la de las mujeres, y tengo derecho a estar feliz por ello. Muchas mujeres que son del riñón del Ni Una Menos me llamaron, me felicitaron y les gustó mucho el trabajo.

Dentro de poco, las imágenes de Vaca serán libro, con un formato muy particular para lucir sus retratos casi experimentales. El título nace del poema de Pizarnik: Corazón guerrero.

Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que no conocí, pero que forjaron un suelo común, de aquellas que amé aunque no me amaron, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero. (Alejandra Pizarnik)


TN / vm.

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