“Marilyn”: una historia de opresión y transfobia que terminó de la peor manera

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foto de Telam

“Marilyn”, ópera prima de Martín Rodríguez Redondo retrata el opresivo camino familiar y social que un adolescente peón de campo tuvo que transitar hasta la explosión que resultó en el asesinato de su madre y hermano.

Basada en hechos reales, la vida de Marcos (Marcelo Bernasconi, en la vida real) transcurre entre el colegio, las tareas de campo y la costura de los vestidos que se diseñaba para las fiestas de carnaval, único momento en el que él podía sentirse libre y vestirse como quisiera.

Hoy, Bernasconi es una mujer trans que vive en la cárcel y, paradojas del destino, fue en el encierro donde pudo expresar libremente su elección sexual.

“Me encontré con una contradicción muy grande -le dijo a Télam el realizador con respecto a sus encuentros en el penal-. Alguien que recién estando privada de su libertad podía ser quien había querido ser. Y eso hablaba de la sociedad, no solo de su historia personal”.

El relato de Rodríguez Redondo es sutil, con un silencio repleto de tensión y con un ritmo que envuelve el devenir. En ningún momento uno presagia que ese ser taciturno que representa a Marilyn podría a llegar a liquidar de dos escopetazos a sus seres más cercanos.

Rodríguez Redondo combina muy bien dos elementos que en un principio parecieran ser contradictorios: la amplitud de la llanura pampeana no se condice con el claustrofóbico sentir de la represión impuesta por un entorno social hipócrita y cruel. Son los flagelos de un adolescente llevados al extremo.

“Yo fui al pueblo donde sucedió el caso, hablé con algunas personas y leí todos los testimonios del juicio y las declaraciones de los jueces. Había una homofobia muy fuerte y una condena moral explícita; en el juicio se hablaba de la ‘vida licenciosa’ que llevaba Marcelo, que era la forma de no nombrar que tenía sexo con hombres”, explicó el director.

– Télam: ¿Descubriste algo de Marilyn que no te imaginabas?

– Martín Rodríguez Redondo: En principio no conocía nada ni imaginaba nada. Me acerqué a la cárcel de una forma totalmente desprejuiciada e inconsciente, sin saber con quién me iba a encontrar. Y me encontré con una persona que tenía un dolor muy grande dentro. La primera vez que nos vimos, me dijo: “Marcelo murió el día que pasó esto, en la cárcel nació Marilyn”. Ella empezaba a ser consciente de su transición de género.

– T: En la película se lo ve a Marcelo como víctima, que ciertamente lo es de su contexto.

– M.R.R.: No pienso que la película lo muestre como una víctima, en tal caso es una víctima que a su vez es victimario. Y eso es mucho más complejo. Tenía claro desde el principio que no quería juzgar al personaje, pero tampoco justificarlo. La intención era entenderlo en el contexto donde vivía, expuesto a diferentes tipos de opresión y violencia por parte de la familia y de otras personas del pueblo. Contar la historia desde el presente que vivía el personaje, no desde el crimen, porque de esa forma lo hubiera condenado moralmente como realizador.

– T: Es una película con poco diálogo. ¿Por qué?

– M.R.R.: En principio la actuación no solo es diálogo, son gestos, son silencios, es todo. En el proceso de investigación conocí a varios peones de campo, estuve con ellos. A veces había poco diálogo entre ellos. Lo justo y necesario. Y me interesó retratar el mundo de Marcos y su familia de esa forma. Por otro lado, hay una decisión estética. No me interesan las películas que pasan toda la información y cuentan los conflictos a través de los diálogos.


JK

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