Cultura y Espectáculos

Realizarán un homenaje al Pato García

Una charla relajada con este auténtico embajador misionero que será homenajeado por la Asociación Argentina de Intérpretes (AADI) en el Festival Haciendo Caminos. Será el jueves a partir de las 20.00. en la Escuela Superior de Música (Colón y Av. Guacurarí). Entrada libre y gratuita.

Realizarán un homenaje al Pato García

Una charla relajada con este auténtico embajador misionero que será homenajeado por la Asociación Argentina de Intérpretes (AADI) en el Festival Haciendo Caminos. Será el jueves a partir de las 20.00. en la Escuela Superior de Música (Colón y Av. Guacurarí). Entrada libre y gratuita.De las tierras del Sha de Persia a la campaña electoral de Ronald Reagan. Abrazos con Jack Nicholson, whiskys con Henry Kissinger y un pedido de disculpas por parte de James Bond. Las aventuras del Pato en sus primeros tiempos en Europa son imposibles de contar en un sólo artículo. Inquieto, apasionado y sin miedo a la aventura, a los 14 partió rumbo a Buenos aires y a los 20 se fue por dos años a Europa… se quedó 37.

“En el 67 me fui a Europa con Pedro Ortega, un colega guitarrista paraguayo. Nos conocimos en Bs As y él tenía contrato para tocar en suiza. Me dijo para acompañarlo y sin dudar me saqué el pasaporte a las apuradas”, relató a la agencia Prensa para artistas, en la comodidad de su hogar Ángel «Pato» García, que en ese entonces tenía 20 años y casi sin proponérselo, llegó a Zurich, donde hicieron base actuando en un restaurante.

“No podíamos tocar sólo nuestra música (paraguaya y del litoral), sino que tocábamos música latinoamericana en general. Cuando calienta el sol, Mis noches sin ti, alguna galopa como Recuerdos del Ypacaraí, El mensú, de Ramón Ayala, Malagueña salerosa, etc. Eso era lo que gustaba allí”, dijo García. La combinación era vistosa y efectiva. El dúo de guitarras (luego se sumó un arpista) vestido con camisas de ao po’i y a veces ponchos, tocando música latinoamericana para el jet set mundial que pasaba sus vacaciones de invierno en Saint Moritz, fue un éxito rotundo y millonarios, actores, empresarios y políticos de la elite mundial los contrataban constantemente para amenizar sus fiestas, que no eran pocas, por cierto.

“Una vez instalados conocimos al Sha de Irán, que tenía una villa de invierno y todos los años iba a esquiar con su familia”, prosigue Ángel. Según su relato, Mohammad Reza Pahlaví​​​, el Sha de Irán, llevó al dúo a vivir al Palacio Real en Teherán, lugar donde residió hasta la Revolución islámica del 11 de febrero de 1979, cuando tuvo que salir de su país y comenzó la decadencia de su familia, además de exponerse a la luz una serie de historias de lujo y lágrimas que se vivían en el palacio.

Absolutamente al margen de cuestiones geopolíticas, el dúo fue también contratado por Enrico de Portanova, el Barón de Portanova (el de la foto que ilustra la entrevista), que lo contrató durante 10 años consecutivos para que toque en Navidad y Año Nuevo en Villa Arabesque, su mansión de 28 habitaciones y cuatro piscinas en las afueras de Acapulco.  Por esa época, y hasta finales de los 70s, Acapulco era la meca de Hollywood, el lugar donde las principales estrellas pasaban sus vacaciones.

Así se convirtieron en artistas exclusivos de la alta sociedad. Como los Rosso y los Gancia (los de los famosos aperitivos italianos), Cristina Onassis, que los llevaban a sus fiestas privadas, o el príncipe Alfonso de Hohenlohe-Langenburg, fundador del Marbella Club Hotel (que en esos tiempos era sólo un pueblito de pescadores). “Allí conocimos a gente poderosa de España, como los Domec (las bodegas y viñedos). Comenzamos a trabajar en cocktails a la tarde y cenas pequeñas y repente estábamos tocando en reuniones bastante íntimas de no más de 10 o 12 personas y entre ellas, por ejemplo Sean Connery, que estaba súper de moda por interpretar a James Bond, el Agente 007”.

“Una vez fuimos a tocar a su casa para su cumpleaños y su esposa nos manda al fondo, donde esperaba Sean. Al llegar nos dice ´no please, no music´. Nos miramos sorprendidos, pero como ya nos habían pagado nos fuimos tranquilos. Al otro día se acercó al Marbella Club Hotel, que era nuestro lugar fijo de trabajo, nos regaló la mejor botella de cognac y pidió disculpas, contándonos que él había invitado sólo 20 personas a su cumpleaños, pero había como 100, y no había comida para todos, por lo que decidió suspender el festejo. Pensar que nosotros en una situación así nos arreglamos pidiendo empanadas”.

MBAÉ LAPORTE, DIJO EL GRIEGO MULTIMILLONARIO

«Estábamos en una reunión con la familia Agnelli, de la FIAT y nos contrató el modisto Valentino, que presentó su colección de Otoño en la isla de Capri, allí conocimos a Don Félix un armador de barcos griego/mexicano, propietario de un hotel. Una vez allí, Don Félix me pregunta si podría tocar el buzuki (esa es especie de mandolina con mango largo y cuerpo de pera muy utilizada en Grecia), porque vendría su amigo, Aristóteles Onassis, y se quedaría un par de días”. Así el Pato, a la hora de tocar de oído siempre se manejó muy bien, tal es así que Don Félix le elogió la fonética lograda. “Cuando llegó el día estábamos preparados para recibirlo con música griega, pero cuando nos vio con nuestros ponchos exclamó: -Argentinos?, ´Y también paraguayo´, respondió Pedro. Allí Aristóteles cambió la mirada y exclamó -Mbaé Laporte!!!, ante la mirada incrédula de los dos músicos».

La historia sorpresivamente cómica cierra si nuestros personajes hubieran sabido que Onassis conocía muy bien Misiones y Paraguay. Resulta que el multimillonario armador de barcos inició su fortuna en Argentina. Comenzó siendo ascensorista en Buenos Aires y luego compró tabaco y yerba en Misiones y Paraguay.

“–Cantate unos tangos, por favor, nos dijo Aristóteles, que tenía un terrible acento porteño”, recuerda el Pato. “Era una persona muy agradable, y al despedirse me apretó la mano –Para que te compres un par de corbatas, me dijo, y me dio 2 mil dólares. En esa época, te imaginás”.

EN TIEMPOS DE CAMPAÑA POLÍTICA NO SE LE DICE QUE NO A NADA

Cierta vez, a inicios de los 70, el actor vaquero Ronald Reagan en plena campaña para la gobernación del estado de California, contactó al Pato para que lo acompañase en las previas de los actos dirigidos al electorado latino. Así, Ángel Pato García terminó cantándole “Cucurrucucu Paloma” y cuántos clásicos más a los votantes que años después terminarían instaurando a Reagan como presidente de Estados Unidos. “Él me hizo conocer a Jerry Lewis y lo acompañé a los actos en las zonas para latinos en San Diego, San Francisco, Santa Mónica. Yo arrancaba los actos tocando media hora y luego él hablaba al público”, nos cuenta García.

Y así, desde PPA siguieron hablando y viendo sus fotos con Alain Delon, Brigitte Bardot, Rudolph Nureyev, Sandro, Christopher Reeves (Súperman) , Lex Barker (Tarzán), Jack Nicholson, José Feliciano, Franz Beckembahuer, Richard Chamberlain, Tony Curtis, Grace Kelly, Julio Iglesias, Fulgencio Batista (ex presidente cubano derrocado por Fidel Castro), Ringo Star, Franco Nero, Astor Piazzola, Ed Kennedy, Liz Taylor, Kirk Douglas, Robert de Niro, Gina Lollobrigida, Roman Polanski (el cineasta franco-polaco denunciado por abusos sexuales cuatro veces, de quien seguramente ya no es un orgullo tener aquella foto) y muchas estrellas y personajes del jet set mundial.

“Estando en el Palacio Real, en Teherán, nos cruzamos con Paraná (el mítico Luis Alberto) que me ofreció ser su primera guitarra, y claro que acepté”…. Allí llegaron las grandes luces de los principales teatros del mundo, pero eso ya es otra historia, una historia que el Pato se encuentra en pleno proceso de edición mediante su libro autobiográfico en elaboración.

LA HORA DE LOS HOMENAJES

El recibir reconocimientos no le es raro a Ángel García, y al homenaje que recibirá el próximo jueves por parte de AADI, se le suma recientemente el otorgado por la Asociación Folklórica Emiliano R. Fernández, de Encarnación, entre los tantos que enumera PPA en su crónica. Ciudadano ilustre de Posadas, en Mallorca fue reconocido como el “mejor intérprete de música latinoamericana” por el Conde Rudy von Schönburg. Fue merecedor, entre otros, del Premio Arandú y del Mensú de Oro en el Festival del Litoral, y hace unos años se descubrió un busto en su homenaje en la Av. Costanera, a metros nada más de su casa de siempre en la Bajada Vieja.

vb

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