Cultura y Espectáculos

“Zama”, la novela argentina que desde el Sur vuelve a conmover

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El año pasado se publicó una celebrada traducción en EE.UU. y ahora llega al cine.

“Zama”, la novela argentina que desde el Sur vuelve a conmover

En la anteúltima jornada de la 43° Feria del Libro, mientras los pasillos estaban abarrotados de gente que buscaba los últimos saldos, la sala Jorge Luis Borges fue anfitriona de una mesa de conversación alrededor de la emblemática novela argentina Zama, de Antonio Di Benedetto. Los oradores eran el Premio Nobel de Literatura sudafricano John M. Coetzee y la cineasta argentina Lucrecia Martel, con moderación de Matilde Sánchez, editora general de la Revista Ñ. Y la pregunta es inevitable: ¿qué hacía un sudafricano que vive en Australia y una cineasta hablando, en la sala más grande de Feria, de una novela que se publicó en 1956? En la historia de la consagración internacional de ese texto está la respuesta.

Antonio Di Bendetto fue un escritor mendocino nacido en 1922. Trabajó toda su vida como periodista y llegó a ser subdirector del diario Los Andes. Paralelamente, escribió una increíble obra narrativa, compuesta sobre todo por novelas y cuentos pero también por guiones y algunos ensayos. Sus novelas más conocidas son tres: Zama, El silenciero y Los suicidas. Los escritores argentinos siempre estuvieron atentos a lo que hacía este prosista particular y sus libros fueron una referencia para el núcleo duro de las letras locales, pero en los años noventa su narrativa desapareció de las librerías y parecía que Di Benedetto, que había muerto en 1986, iba a caer en ese tipo de olvido (el de la descatalogación) que devoró a tantos autores del siglo XX. Y entonces apareció la editorial Adriana Hidalgo, que en ediciones cuidadas fue reeditando toda su obra. Durante los años de esta historia, unos pocos libros del escritor además dieron el salto de continente y se tradujeron al francés, alemán y alguna otra lengua europea. Y en 2016 llega el último capítulo de esta transnacionalización: la prestigiosa editorial del New York Review of Books traduce Zama al inglés y el Premio Nobel Coetzee le dedica un ensayo elogioso de siete páginas en una de las revistas capitales del mundo cultural. Se trata de la misma que publicó el libro.

La bola de nieve ya era imparable. Mientras tanto, Lucrecia Martel (directora de La ciénaga y La niña santa) estaba dando los últimos toques a su versión cinematográfica de la novela -ahora a punto de estrenarse-, que cuenta la historia de Diego de Zama, un funcionario de la Corona española en América que vive en la eterna espera de ser trasladado a una sede colonial de mayor importancia. El escritor y la cineasta hablaron sobre Di Benedetto y el arte en los países periféricos.

Apenas arrancada la conversación, Sánchez se preguntó si “la apuesta de Coetzee por Di Benedetto va a ser sustancial para que sea leído en los centros que deciden qué es lo que puede convertirse en universal”. El autor tomó el micrófono y, en vena polemista, dijo que no habría que esperar que desde Nueva York se legitime una novela argentina. Sánchez marcó luego la conexión entre Zama y ciertas novelas de frontera del sudafricano, como Foe, y el autor dijo que ya su primer libro, Tierra de poniente, tenía una relación importante con la de Di Bendetto: “Los dos protagonistas de esos libros son criaturas de su tiempo pero ambos tienen sensibilidades modernas. Digamos que lo que yo estaba haciendo en 1974 él ya lo había hecho en 1956”.

Lucrecia Martel intervino en el diálogo respecto de los centros canonizadores. Su experiencia es más conflictiva en ese sentido, porque para conseguir financiación para películas muchas veces hay que rescindir particularidades de la lengua en pos de una “universalidad” que permitiría que más consumidores puedan llegar a esa película. Coetzee concedió: “Sé que es mucho más difícil para el cine que para la literatura financiarse sin el aval del Norte”.

¿Qué le interesó entonces a Martel de la novela para filmarla? “Mi percepción no es que sea una novela de la espera, como se dijo. Lo que a mí me conmovió es la identidad como cárcel. El personaje de Zama está obligado a ser alguien y en torno a esa idea construí la película. El proceso que hace el Zama de la película es el de dejar de ser alguien. Tengo que decir que cuando terminé de leer el libro estaba en un estado inexplicable, de gran euforia, que no entendía muy bien. Fue algo bastante increíble”. La cineasta explicó la peculiaridad de esas sensaciones que “por suerte” no ocurren a menudo. “Sino viviría buscando financiación para películas imposibles”, ironizó.

Al final de la conversación, la editora general de la Revista Ñ les pidió a los disertantes que dieran su mirada sobre un componente clave del libro: la violencia sexual. El sudafricano marcó entonces una condición extraña que tiene el texto en el sentido en que lo sexual está tratado alternadamente en clave oscura y en clave cómica. Martel fue más a fondo: “Yo creo que la violencia sexual y la corrupción tienen un vínculo muy fuerte. Le cuento algo de este país, John: aquí muere una mujer asesinada cada 18 horas. Hay una escena del libro en la que Zama viola a una chica y como mi película es una comedia absurda, pensé que filmarlo no iba a resultar chocante. Pero por todo lo que está pasando, decidí no hacerlo. No lo quise hacer. La violencia filmada ya es muy difícil de hacer en nuestro país, porque nos recuerda demasiado a la realidad”. Coetzee, que viene de un país de conflictos terribles, asintió. Sabía de lo que estaban hablando.Clarín / vm.

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