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Beber entre 3 y 5 copas diarias de vino llevaría en una década a la cirrosis

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Especialistas en enfermedades del hígado advierten que ya más de tres implica riesgos y que el exceso de alcohol es la tercera causa de discapacidad y muerte.

Beber entre 3 y 5 copas diarias de vino llevaría en una década a la cirrosis

Tomar más de tres copas de vino por día durante una década puede generar cirrosis, advirtieron especialistas con motivo del Simposio Internacional de Enfermedad Hepática Alcohólica, que se realizará durante esta semana en Buenos Aires.“No es necesario ingerir cantidades exorbitantes de alcohol para que progresivamente vaya produciéndose daño en el organismo”, afirmó Beatriz Ameigeiras, presidenta de la Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado (Aaeeh).

Ameigeiras graficó que quienes consumen en forma sostenida durante una década unos 60 gramos diarios de alcohol -es decir unas cinco copas, ya que una botella de vino contiene entre 80 y 90 gramos- pueden desarrollar cirrosis.

Las Aaeeh alertó además que el consumo excesivo de alcohol puede contribuir al desarrollo de más de 60 enfermedades, incluyendo condiciones que afectan principalmente al hígado y a los sistemas nervioso central y cardiovascular.

Asimismo, abusar de las bebidas alcohólicas incrementa el riesgo de enfermedades psiquiátricas, disfunción sexual y cáncer de boca, faringe, laringe, esófago, hígado, colon, recto y mama.

“El exceso de alcohol representa la tercera causa de muerte prematura y discapacidad a nivel mundial” y es además “un factor influyente en accidentes de tránsito, violencia doméstica y suicidio. Decidimos poner el foco en este problema porque muchas veces la comunidad ignora lo que puede desencadenar”, dijo por su parte Raúl Adrover, miembro de la comisión directiva de la Aaeeh.

En Crecimiento

La Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) realizó recientemente un relevamiento entre casi 21.000 personas de entre 12 y 65 años, en el que comparó resultados de 2010 y 2017 y verificó un aumento “significativo” en el consumo de alcohol en ambos géneros.

“Sobre la base de esos resultados se estimó que en el último año surgieron unos 2.299.598 nuevos consumidores de alcohol, de los cuales 319.994 son preadolescentes y adolescentes”, detalló Adrover.

Además, señaló que “uno de cada tres niños y adolescentes (34%) bebió alcohol alguna vez y uno de cada dos lo hizo de manera abusiva, lo que nos permite tomar nota de la dimensión de la problemática”.

Sobre la incidencia para la salud de consumir tres o más copas diarias, Ameigeiras indicó que “las cantidades varían de paciente a paciente” y que “los factores genéticos y ambientales tienen una injerencia importante a la hora de desarrollar enfermedades”.

“Por eso es recomendable realizarse chequeos periódicos para conocer el estado del hígado, ya que la enfermedad hepática alcohólica por lo general presenta síntomas cuando ya está muy avanzada”, enfatizó.

Y Adrover coincidió: “Es frecuente que las personas realicen una primera consulta con el especialista cuando su enfermedad ya está avanzada y llegó al estadio de cirrosis, lo que puede implicar complicaciones como hemorragia digestiva causada por várices esofágicas, líquido en el abdomen, encefalopatía hepática o cáncer de hígado”.

“Al tratarse de un tema complejo, se necesita de un abordaje interdisciplinario para lograr generar una concientización efectiva a la población. El Estado debería adquirir un rol preponderante, acompañado por distintas organizaciones de la sociedad civil e incluyendo sociedades científicas”, completó Ameigeiras.

Especialistas de Estados Unidos, Francia y Brasil, además de psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales y funcionarios de Argentina participarán del simposio sobre la enfermedad hepática alcohólica, que se desarrollará en el hotel Sheraton de avenida Córdoba 690.

Riesgos Sin Alcohol

Por otra parte, si bien las hepatitis crónicas B y C son las principales causas de cáncer de hígado, hay otras patologías que, aún lejos del alcohol, también pueden desencadenar la enfermedad. Es el caso del “hígado graso no alcohólico”.

“Es un nuevo factor que asoma como desencadenante de la cirrosis y el cáncer y en la actualidad representa uno de los principales motivos de consulta”, explicó Marcelo Silva, también miembro de la Aaeeh.

“Se trata de la esteatosis hepática, más conocida como hígado graso no alcohólico, que consiste en el depósito de grasa en ese órgano a causa del sobrepeso, la obesidad, la diabetes y la vida sedentaria. Por eso es indispensable detectar a tiempo a los pacientes antes de que desarrollen cáncer, porque cuando el tumor es diagnosticado precozmente tienen muy buenas chances de curarse. Por el contrario, cuando su detección es tardía, los tratamientos no son curativos sino paliativos”, aseguró.

Según datos oficiales, el cáncer de hígado es el quinto tipo de tumor más frecuente en el mundo. Su incidencia se triplicó en los últimos 35 años y a nivel internacional se diagnostican 700.000 nuevos casos por año, mientras que “en la Argentina se espera para el futuro cercano un incremento de casos por hígado graso 10 veces por encima de los datos de hace 15 años”, alertaron desde la Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado.

Asimismo, según estadísticas internacionales, afecta a hasta tres de cada 10 adultos y a entre el tres y el 10 por ciento de los niños.

Ezequiel Ridruejo, directivo de la entidad, destacó por su parte que “como el futuro de las hepatitis es auspicioso, se podía pensar en menos cirrosis y menos cáncer de hígado para los próximos años. Sin embargo, el crecimiento del hígado graso nos da la pauta de que no habrá menos enfermedad oncológica en el hígado y, lo que es peor, que es factible que lleguemos tarde, porque no se dará en pacientes hepáticos, a quienes monitoreamos con frecuencia”.

Aunque la mayoría de las veces no da síntomas, las personas con hígado graso pueden presentar fatiga y debilidad, dolor en la parte superior derecha del abdomen, pérdida de apetito, náuseas, piel amarillenta, hinchazón en piernas y abdomen, confusión y sangrado gastrointestinal, y se puede detectar a través de exámenes de rutina como una simple ecografía.


Télam / vm.

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