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5 mil personas evacuadas en La Matanza

Unas cinco mil personas continuaban evacuadas en la localidad bonaerense de La Matanza a tres días del fuerte temporal de lluvia que afectó al área metropolitana de Buenos Aires, aunque fuentes de los bomberos locales aseguraron que “la situación del agua está controlada» y esperaban que «el río baje a niveles normales”.

5 mil personas evacuadas en La Matanza
Foto vía @WalhallaMann

La intendenta de La Matanza, Verónica Magario, aseguró que “todos los recursos del Municipio están puestos a disposición de las familias afectadas”, de acuerdo a lo que publicó ayer en su cuenta de Twitter cuando se instaló en la subsecretaría de Espacios y Servicios Públicos Zona Sur, uno de los centros de logística, en González Catán, y afirmó que estaban “auxiliando a cada uno de los vecinos”.

En tanto, Daniel Bodegó, encargado del Destacamento 3 de bomberos de Gregorio de Laferrere, donde se centralizó el operativo de rescate, explicó a Télam que “por el momento la situación del agua está controlada: en algunos lugares tuvo un leve descenso y en otros se mantiene pero anoche el servicio metereológico informó el cese de alerta de crecidas, por lo que hay que esperar que el agua vaya descendiendo lentamente”.

“Para de hoy se espera que el Río de la Plata baje a valores normales: eso debería ayudar a desagotar”, añadió.

El jefe de bomberos advirtió que el retorno de los evacuados “va a llevar unos días” porque hay mucho barro y suciedad acumulada en la localidad y afirmó que eso se logrará “siempre y cuando el clima nos ayude”.

Respecto a los evacuados, Bodegó explicó que siguen “rondando los 5 mil” pero en lo que va de la jornada “sólo se registró un solo pedido adicional de evacuación que ya fue realizado”.

Asimismo, confirmó que las inundaciones afectaron a unas 20 mil personas que permanecen en sus hogares y que había evacuados en 20 escuelas de las localidades de Virrey del Pino, González Catán y Laferrere.

Cada uno de esos barrios, acotó, tiene “entre cinco y seis centros de evacuados”.

“Igualmente los equipos de rescate están haciendo una minuciosa recorrida por los barrios verificando que no quede gente que quiera abandonar su domicilio y no tenga cómo hacerlo”, agregó.

En tanto, en una recorrida realizada en el barrio El Ceibo, cronistas de Télam advirtieron que el agua bajó pero la mayoría de las calles de tierra siguen inundadas a pesar de lo cual muchos vecinos se resisten a dejar sus casas por temor a los robos y para no dejar abandonados a sus animales domésticos y de corral.

El panorama que se presentaba a la vista era el del típico “día después” de este tipo de contingencias naturales: gente que iba de un lado a otro con la ropa mojada hasta las rodillas, fachadas de vivienda tapadas de colchones puestos a secar, pilas de ropa, muebles y electrodomésticos elevados sobre muebles o tacos de madera, a pesar de que por momentos volvía la llovizna y el cielo se tornaba amenazante.

“Perdimos muchas cosas y acá no vienen a ayudar, no nos ofrecen nada”, se quejaron Irene y Ramón, que desde hace 12 años viven con sus padres en una vivienda de Leopardi y Danel que, remarcaron, “se nos inundó toda”.

Según los jóvenes, el agua alcanzó el medio metro de altura y por eso tuvieron que llevar a sus tres hijos a la planta alta, donde vive la abuela, mientras ellos dos durmieron en una obra en construcción de Ciudad Evita donde el hombre trabaja de sereno.

“La ropa mojada con agua contaminada de los nenes no sirve más. Y tenemos suerte de que no se enfermen”, reflexionó la mujer.

Ramón se lamentó también por los daños que sufrió la vivienda que con esfuerzo levantó al señalar que “hace varios años yo construí una parte de mi casa con materiales que me daban, ahora no nos ayudan con nada”.

Como ellos, otros vecinos se quejaron de que “nadie viene a verlos”.

Aseguraron que no están recibiendo comida y que si no van a los centros de refugiados “no nos ofrecen ni una manta, ni un colchón”.

En tanto, en la esquina de Arrecifes y Leopardi, un grupo de vecinos solidarios y autoconvocados instaló una mesa al aire libre donde revolvían guisos en ollas y repartían mate de leche, chocolate caliente, pan y facturas a todos los que se acercaban en busca de un desayuno.

Al frente de esta especie de “cocina de campaña” se ubicó Jose Samañego, de 63 años, quien decidió reclutar voluntarios y provisiones para “dar una mano” a los vecinos y servir “un guiso calentinto” a quienes lo necesiten.

“Lo hacemos siempre pero en estos momentos que los vecinos nuestros lo necesitan hay que esforzarse más”, dijo Samañego.

Niños con sus padres se acercaban en ojotas, zapatillas mojadas e incluso descalzos en busca de algo caliente y, al pasar, algunos comentaron: “Si vamos a a algún albergue nos roban lo poco que nos queda”.

“Vivo acá desde los 4 años y es una situación realmente extrema, nunca vi algo así, Yo no me inundo pero la gente acá la pasa muy mal”, concluyó José Samañego.

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