Opinión

El hombre Massa

En “La rebelión de las masas”, escrito en pleno auge del fascismo, José Ortega y Gasset define una forma de ser de su tiempo: «Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera». Así es el hombre-masa. Porque para Ortega-a diferencia del marxismo- “masa” no es un concepto cuantitativo, sino cualitativo.

El hombre Massa

En “La rebelión de las masas”, escrito en pleno auge del fascismo, José Ortega y Gasset define una forma de ser de su tiempo: «Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera». Así es el hombre-masa. Porque para Ortega-a diferencia del marxismo- “masa” no es un concepto cuantitativo, sino cualitativo.

En los tiempos y en la Argentina que corren hay una forma de ser que capta adeptos por miles y a la que el paso del tiempo ha entronizado. Son los panqueques que siguen la corriente,  sin importar cuán distinta sea la corriente actual de la que siguieron antes. Veletas que la siguen porque es lo más fácil. Si Ortega hablaba de vulgaridad, aquí hay que hablar de cobardía.

Hace unos años se había puesto de moda aquello de la “borocotización”. ¿Te acordás? Eduardo Lorenzo “Borocotó” (médico mediático e hijo de una gloria del periodismo deportivo) fue electo diputado nacional por el PRO en 2005 pero terminó aliándose al kirchnerismo. Con el paso de los años la borocotización derivó en idas y vueltas. En dirigentes que van y vienen de los espacios sin vergüenza, de un modo tal que corresponde unir las dos palabras: sinvergüenza. Apareció un estadio superior de la borocotización. Ya no se trata solo de dirigentes que saltan de un espacio político a otro ideológicamente opuesto. Se trata de personajes que van y vienen de esos espacios varias veces.

Sergio Massa es el prototipo por excelencia de ese modo de ser que encuentra en dirigentes como él su expresión más visible. Nacido políticamente en la U.C.D. de Alsogaray (el símbolo de ese liberalismo trucho que promueve la libertad económica al tiempo que apoya dictaduras), se pasó al peronismo y después estuvo con Néstor y con Cristina. Luego se convirtió en el lomo de burro que frenó, desde la provincia de Buenos Aires, el intento de “Cristina eterna”. Después se alió a Margarita Stolbizer (una de las más acérrimas denunciantes de la corruptela kirchnerista). Para terminar en el Frente de Todos, de nuevo con Cristina Kirchner. Como si no importara nada. Como si se pudiera esperar buenas gestiones de personas que agarraron a la coherencia, la envolvieron en papel higiénico y la tiraron por el inodoro (“el obrar sigue al ser” nos enseñó Santo Tomás de Aquino).

En los países del mundo con mejor calidad de vida, dónde la sociedad entendió que lo institucional y la prosperidad van de la mano, una conducta política panqueque significa la muerte política de su protagonista. En la Argentina esa conducta se dispensa de un modo inaceptable. La Misiones renovadora es un ejemplo cercano y categórico de eso. Rovira y Closs mejicaneando a sus partidos, los maestros del chaleco turquesa haciendo de aplaudidores en busca de cargos y ascensos, los medio pautadependientes  convertidos en tristes gacetillas del poder, los políticos que conocimos críticos de Rovira y hoy son parte del esquema dominante. Y mucha gente que es oficialista porque para ser lo contrario se precisan unos cojones que no tienen.

Felipe Solá debe estar cerca de batir algún récord: tras ser aliado de Menem, Duhalde, Macri, De Narváez, Massa, Néstor, Cristina y Alberto Fernández solo resta por ver si se nacionalizará boliviano y se postulará a algún cargo por el partido de Evo Morales. Miguel Ángel Pichetto, la cabeza del grupo de senadores pejotistas a quiénes Cristina Kirchner les debe su libertad, tampoco es ningún ejemplo de coherencia política. Ayer con Cristina, hoy con Macri y mañana veremos. Y Alberto Fernández es tan contradictorio que da para hacer otro artículo que podríamos titular “el hombre Fernández”.

El hombre massa (de Sergio Massa) es aquél que ha conseguido ser un panqueque legitimado. Encuentra premios donde debería recibir castigos. 

“Yo soy yo y mi circunstancia”, reza el célebre aforismo de Ortega y Gasset. El hombre massa no se desorienta con el cambio de las circunstancias.

Nunca se pierde porque conoce bien los dos caminos.

El de ida.

Y el de vuelta.

Opinión de Walter Anestiades  para MisionesCuatro.com

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