La Garganta del Diablo

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Por: Walter Anestiades

Decía Napoleón Bonaparte que “las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo”. Eso debería hacer Claudio Filippa, el impresentable alcalde renovador de Puerto Iguazú. Irse.

Molesto con un informe periodístico que lo involucró en una megaestafa al fisco, Filippa-que se cree impune porque es impune- reaccionó pidiéndole a los funcionarios de su municipio que “le den pija” (sic) a Norma Devecchi, corresponsal del diario El Territorio, medio que ensayó una defensa light de su periodista. Dicen que el único respaldo con el que suele contar un periodista por estas latitudes, es el de la silla en la que se sienta a trabajar.

Filippa actuó como todos los capangas que cuentan con la protección de Carlos Rovira, el titular del parlamento provincial cuya voluntad es la única ley que se respeta en Misiones desde hace tres lustros. Si decide bajarle el pulgar, “funcionarán las instituciones” y Filippa deberá dar respuestas además de disculpas. Y si no baja ningún pulgar, el año que viene Filippa, encima, será reelecto.

Va a ser muy difícil deconstruir el tipo de sociedad que se pergeño y consolidó en los últimos quince años en Misiones. Una vez que el sistema republicano muta a feudal, las elecciones se convierten en la máscara democrática tras la que se ocultan todo tipo de déspotas, apoyados por una clientela fija a la que se compra barato. La oposición, que debería haber tomado ácido fólico para tener más y mejor sangre, se conformó con cuidar su quintita cuando debió ir por otros objetivos. Aprendió a morderse tanto la lengua antes de hablar, que se acostumbró al silencio. Por eso en Misiones hace mucho que la mentira grita mientras la verdad susurra.

Con este panorama cualquiera que haya tomado dos mates con Rovira y reciba su bendición para ocupar algún cargo, se siente como Filippa. Capaz de cebarse con cualquier persona. Y si es mujer, mejor porque da más “chapa” ante la caterva de lame trastes de los que se rodean. En definitiva, esto de que un renovador haya patoteado a alguien desde el poder del estado, de novedad, no tiene nada. Que lo haya hecho Filippa, menos. Y que la afectada sea una mujer, menos todavía. Y tampoco será la última vez, excepto que los ciudadanos aprendan de una buena vez a exigir calidad institucional y boten con “B” larga a los que vienen votando con “V” corta. Tratar así a una mujer y que eso no sea repudiado en las urnas-donde realmente les duele los políticos-es de cuarta. Sin embargo, ¿cuántos repudiaron en las urnas el femicidio de “Marilyn” Bárbaro?

Cuenta la leyenda que “La Garganta del Diablo”, la concentración del mayor caudal de agua de las Cataratas, debe su nombre a una historia de amor entre una princesa y un príncipe guaraní, castigados por un diablo celoso que la convirtió a ella en cascada y a él en la vegetación que la rodea. Cosa que estén cerca pero que no se toquen. Pero el diablo no contó con el arco iris, que de vez en cuando une a la cascada con la vegetación. Ergo, a la princesa con su príncipe.

Puede que entonces el diablo, enfurecido, se haya instalado en la garganta de algún ser que lo represente. Por ejemplo, un funcionario renovador.

Quizás no sepamos la leyenda completa. Quizás de la garganta de tipos como éstos salgan palabras del “mesmo” demonio.

La Garganta del Diablo…

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