Opinión

¿Quo Vadis?

¿Quo vadis Oberá? La renovación lleva quince años haciendo que los ciudadanos obereños pierdan el tiempo.

Por: Walter Anestiades

Pedro escapaba de Roma, la Roma de Nerón, cuando en el camino se le apareció Cristo cargando su cruz y entonces Pedro le preguntó: “¿Quo vadis Domine ?”, que en latín significa “¿Adónde vas señor?”. La respuesta fue suficiente para que Pedro vuelva a Roma a cumplir con su ministerio, lo que derivó primero en su martirio, y luego en su santificación. Y con él empezó la historia del papado.

¿Quo vadis? puede preguntarse cualquiera de nosotros y cada uno sabrá todo, algo o nada de la respuesta. Lo mismo pasa con las sociedades.

¿Quo vadis Oberá? La renovación lleva quince años haciendo que los ciudadanos obereños pierdan el tiempo. Tras doce años y tres gobiernos de Ewaldo Rindfleisch y uno de Carlos Fernández, en Oberá está todo por hacerse.

En Oberá no hay proyecto de nada. Dicen que lo hay, que es otra cosa. El jueves pasado, por ejemplo, unos cuántos candidatos que aspiran a dirigir la ciudad fueron a perder el tiempo a la Facultad de Ingeniería a exponer sobre la “Oberá turística”, un viejo cuento que solo pueden creer quiénes nunca hayan visitado una ciudad turística y que demuestra la poca idea que se tiene del panorama general.

En estos años en Oberá se ha oído hablar de una Facultad de Medicina, de un Parque Industrial, del Parque Termal, del nuevo y majestuoso hospital Samic, del nuevo edificio municipal, etc, etc, etc. La realidad es que en Oberá falta energía eléctrica para que la luz no se corte a cada rato y por cualquier cosa. En Oberá también falta agua potable, y teniendo en cuenta que está ubicada sobre una reserva de agua dulce como el acuífero Guaraní, se puede deducir lo mal que han hecho las cosas como para lograr que falte el recurso que sobra.

Faltan cloacas. Combatir la creciente inseguridad. Falta generar trabajo genuino (ese que no tiene nada que ver con acomodos políticos en el estado o en la CELO). Falta una adecuada atención de la salud de la población. Falta definir que se va a hacer con el transporte público y con la monopólica empresa que presta el servicio.

Falta justicia. Falta investigar la monumental deuda pública que dejó Rindfleisch y que Carlos Fernández les hizo pagar a los contribuyentes sin hacer una auditoría y cubriéndolo políticamente. Falta combatir la impunidad del crimen de “Marilyn”, de la desaparición de Golemba y de tantos otros casos. Faltan calles y veredas. Falta darle bola a los barrios.

El bien ganado prestigio de Carlos Fernández como médico y su don de gente no alcanza para ser un proyecto de ciudad. Es una idea berreta creer en salvadores. Fernández no lo es. Nadie lo es.

Ahora se necesita gente con “estaño”, como decía don Jauretche. Gente con la suficiente “calle” como para darse cuenta de lo que pasa, de las prioridades, con la honestidad y la capacidad para solucionar asuntos que pueden ser solucionados. Dirigentes lúcidos frente a tanta gilada.

Porque si Pedro apareciera por Oberá y preguntara ¿quo vadis? se encontraría con una sociedad que padece un problema peor que el no encontrar la respuesta.

Ni siquiera se hace la pregunta.

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