Opinión

Se cumplieron 82 años de “la Masacre de Oberá”

El domingo 15 de marzo de 1936, en la Argentina de la “década infame”, Oberá, para no desentonar, tuvo su propio suceso vergonzoso.

Se cumplieron 82 años de “la Masacre de Oberá”

Walter Anestiades para www.misionescuatro.com

El domingo 15 de marzo de 1936, en la Argentina de la “década infame”, Oberá, para no desentonar, tuvo su propio suceso vergonzoso.

Un grupo de colonos, provenientes de localidades adyacentes como Los Helechos, Guaraní, Campo Viera y Samambaya, marchó hacia Oberá reclamando mejores precios para sus productos (la actividad agrícola de la zona estaba en crisis, especialmente la tabacalera). Al llegar a Oberá fueron emboscados y recibidos a golpes y balazos por la policía y comerciantes locales.

En la previa hubo propaganda negativa sobre los colonos, presentándolos como “comunistas” que iban a atacar Oberá. El número de víctimas es impreciso pero se sabe que hubo por lo menos cuatro muertos-entre ellos una chiquita de catorce años de edad-, varios heridos, mujeres violadas y algunos prisioneros.

La campaña para olvidar lo ocurrido fue eficaz durante décadas. ¿Por qué olvidar? Entre los comerciantes que promovieron la masacre estaban apellidos que sus descendientes intentan aún hoy mantener impolutos.

Argumento sin gollete porque uno no puede hacerse cargo de algunas cosas que hicieron sus padres o abuelos. Pero con fuerza suficiente para mentalidades que creen pertenecer a una casta que los convierte en una suerte de obereños de primera clase.

Historiadores como el fallecido Enrique Gualdoni Vigo, autor de una reseña histórica que el municipio convirtió en oficial, amputaron lo perpetrado en el omega del verano del 36. Esa historia oficial (ista) se enseña en las escuelas.

En 1994 docentes y alumnos de la Facultad de Arte de la Universidad Nacional de Misiones, con sede en Oberá, pintaron un mural en la terminal de ómnibus, evocando la masacre.

Una década después, el intendente Rindfleisch mandó a pintar, ergo tapar, ergo borrar, ergo matar, el mural, la verdad y la memoria. Esto nos lo contó hace años en FM Oxígeno la docente Severa Barrios. En esos días el tema era absolutamente tabú.

En 2002 la historiadora Silvia Andrea Waskiewicz publicó “La masacre de Oberá”, impreso por la Editorial Universitaria de la UNAM, la universidad pública misionera. El texto es imperdible para quién pretenda profundizar sobre el episodio. Pero no se enseña en las escuelas.

Desmalezando, de a poco, con aportes como el de Severa Barrios y hablando mucho y en alguna radio, la masacre dejó de ser tabú. De hecho, en 2011,  hasta se filmó un documental (“Quieta, non movere”, que en español significa “no agitar lo que está quieto”) que se exhibió en Oberá con la presencia de su realizador, “Lucho” Bernal, en el marco del festival “Oberá en cortos”. Como cruel paradoja, invitado y en primera fila, estuvo presente el alcalde Ewaldo Rindfleisch. El mismo que había mandado a borrar el mural recordatorio que los artistas locales pintaron en la vieja terminal.

De la masacre se cumplieron ayer, ochenta y dos años.

“Pinta tu aldea y pintarás el mundo”, escribió León Tolstoi.

Poder pintar a Oberá llevó demasiado tiempo.

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