Opinión

Y… ¿Dónde está la guita?

Escribe: Walter Anestiades

Y… ¿Dónde está la guita?

El alcalde de Oberá, lanzado a la reelección, proclama tener un municipio con las cuentas ordenadas. En rigor de verdad, lo que Carlos Fernández llama “cuentas ordenadas” no es otra cosa que haberle hecho pagar al pueblo contribuyente la deuda que dejó su antecesor Ewaldo Rindfleisch, a quién nunca investigó porque ambos son renovadores y responden al mismo jefe político, Carlos Rovira, que es quién banca a Rindfleisch.

A propósito, ¿dónde está Rindfleisch? Más allá del lugar físico y la actividad que desarrolle, indudablemente está gozando de la impunidad que le garantizan todos sus camaradas renovadores. Todos. Pasó. Dejó lo que dejó. Y nadie le pide cuentas de nada (?).

Para rematarla, en Oberá existe un tipo de votante bastante gil que cree que haber pagado una fiesta que disfrutaron otros es algo que hay que agradecerle al que se la hizo pagar. ¿Vivís y tributás en Oberá? Pues bien, las cuentas no las “ordenó” Fernández. Las ordenaste vos.

El próximo 2 de junio la renovación presentará a un terceto para el cargo de intendente de Oberá (seguramente habrá alguno más pero este tridente es el que recibirá lo más jugoso del apoyo provincial): se trata de Carlos Fernández (que buscará repetir mandato), el exconcejal Daniel Behler (derrotado en 2015) y el empresario de medios Carlos Antonio “Tony” Lindstrom (otro que ya perdió en 2015). Tenemos entonces a tres candidatos a los que Rindfleisch les debe mucho: el sucesor que lo cubrió lidiando con los pecados sin nombrar ni castigar al pecador, quién fuera su mano derecha durante doce años, y el periodista que protegió a los obereños de la realidad.

¿Repasamos rápido algunos números? La municipalidad, ya en manos de Fernández, informó de un déficit de 62 millones de pesos. La CELO, administrada por Rindfleisch y por sus lugartenientes durante años, llegó a tener un pasivo de 300 millones de pesos. Las obras del plan nacional “Más Cerca, Mejor País, Más Patria” (a cargo de Julio De Vido y José López, el de los bolsos, hoy ambos presos) fueron valuadas en unos dos millones de pesos y no se hicieron. Lo que costó el Parque Termal (unos 15 millones de pesos. Pero a ese número le faltan otras cifras por las eternas reparaciones de la bomba que lo alimenta y otros ítems).

El hecho de que Oberá cumplirá este año nada menos que una década en “emergencia hídrica”. El siniestrado edificio municipal. Y otros asuntos de los que Misiones Cuatro ha venido dando cuenta como nadie. Al número que dé, que será arriba de los 400 millones de pesos, habría que actualizarlo por inflación. Y daría más del doble. Es mucha guita.

Uno de los datos sustantivos de la política misionera es que, aún después de tantos años de vigencia, hay electores que parecen seguir sin entender cómo funciona la ley de lemas. De modo tal que, para quejarse de los funcionarios renovadores que hicieron malas gestiones, vuelven a votar a otros renovadores. Como en un régimen despótico de partido único.

En tiempos de campaña electoral se estila que los candidatos del oficialismo contraten espacios en los medios, a cambio de que los entrevistadores les hagan publi-notas y no los incomoden con preguntas en serio.

“Con la verdad no temo ni ofendo”, decía Artigas y es que Carlos Fernández, Daniel Behler y “Tony” Lindstrom deben respondernos una sola pregunta. La única que interesa hacerle a quiénes han sido responsables de que la segunda ciudad de Misiones esté más cerca del ayer que del hoy y del mañana. La que debería contestar Ewaldo Rindfleisch, de quién estos muchachos deben hacerse cargo de una buena vez porque don “Tito” no es del Partido Socialista Obrero Español, ni del Partido Demócrata italiano, ni del Partido Laborista inglés. Es del Frente Renovador de la Concordia de Misiones. Como ellos.

La pregunta es…
¿Dónde está la guita?

Walter Anestiades

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