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Gastos millonarios en un absurdo proyecto

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En 2005 bajo la gobernación de Carlos Rovira, el Estado provincial impulsó la industria del vino misionero, para lo cual adquirió máquinas en Alemania, vinieron enólogos de Chile y junto con la UnaM y el Inta de Cerro Azul, se erigió una bodega y se aportaron fondos para cultivo de viñedos.

Gastos millonarios en un absurdo proyecto

En 2005 bajo la gobernación de Carlos Rovira, el Estado provincial impulsó la industria del vino misionero, para lo cual adquirió máquinas en Alemania, vinieron enólogos de Chile y junto con la UnaM y el Inta de Cerro Azul, se erigió una bodega y se aportaron fondos para cultivo de viñedos.La experiencia resultó mala. Transcurrido doce años, todavía se ignora cuanto le costó al erario una idea carente de fundamentos. Hoy en el lugar donde en algún momento funcionó la bodega para elaborar las marcas «Laterita» y «Cascadas», todo es abandono.

Tampoco se consiguió ampliar los viñedos dada las condiciones climáticas, edafológicas y el ecosistema que se requiere para producir vinos que puedan competir en un mercado harto competitivo.

Desde que surgió la idea -eran tiempos en que los fondos oficiales se desparramaban sin control alguno- técnicos locales se animaron a expresar su rechazo.

En efecto: repasando medios de aquella época, manifestaron que en Cerro Azul no había suficiente materia prima. Por ende, funcionarios locales viajaron a Mendoza para traer el mosto Cabernet Sauvignon. En rigor, desde la colonización, chacareros de Cerro Azul, Olegario Andrade y alrededores disponen de pequeñas parcelas de donde se hace un vino artesanal, apuntando al autoconsumo.

Algunas uvas comenzaron a venderse después en ferias francas, pero nunca se alcanzaron los 30.000 litros que proponía el absurdo proyecto. «Sin uva, nunca hubo mosto en la cantidad necesaria», observaron los expertos.

Entre los críticos de entonces que advirtieron el fracaso, cabe mencionar a los ingenieros Miguel López, Juan Pujato, Roberto Montechiessi y Hugo Fassola.

¿Que pasó?

No obstante, recursos públicos valiosas se destinaron a la construcción e instalación de una Bodega Escuela, importándose equipos e insumos costosos, además de otros gastos en consultorías, contratos profesionales, mano de obra.

La realidad demuestra hoy -frente al total abandono de las instalaciones- que se trató de otro proyecto inútil promovido por gobernantes que desde 2003 siguen manejando el poder.
Corresponde consignar asimismo, concepto acerca del cuadro de situación en torno de la fabricación de vinos en esta provincia. Por ejemplo:

1) Misiones no posee regiones apropiadas para el cultivo de la vid. Llueve en demasía y por lo tanto se deben realizar tratamientos fitosanitarios para controlar enfermedades.

2) Se contrapone con la imagen que se ha difundido en el mundo que los vinos argentinos son ecológicos por naturaleza, porque los viñedos en la zona cuyana y de los valles norteños del oeste no requieren agroquímicos. Si requieren azufre y caldo bordelés, permitidos universalmente.

3) Los vinos de Misiones (desconocidos comercialmente) carecen de la calidad requerida, Es factible obtener en zonas de secano con riego y como factor importantes es que no hay amplitud térmica durante la época de crecimiento y madurez de la fruta, que requiere de noches frescas.

4) Considerando tales factores, parece injustificable que se haya levantado una bodega experimental. Para producir vino bueno hace falta partir de viñedos idóneos.

5) No debería haberse perder tiempo, presupuesto y esfuerzos en proyectos relacionados con la vitivinicultura, existiendo en el país aproximadamente 200.000 hectárea (casi el 70% en Mendoza) implantadas en regiones pedemontanas, propicias para producir vinos de calidad y que sí necesitan del apoyo institucional para seguir investigando.

sb

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