Escándalo nacional por la niña mbyá bebiendo agua de la calle

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La viralización de la imagen de una niña mbyá, bebiendo de un charco en la intersección de Mitre y López Torres, el pasado 14 de Diciembre, generó una alta repercusión nacional e internacional. La foto vuelve a poner sobre el tapete, el problema de los indígenas abandonados y en situación de calle.

POSADAS. Una niña bebiendo agua de un charco en la intersección entre las Avenidas López Torres y Mitre de Posadas, se convirtió en un escándalo nacional e internacional. La foto se viralizó a partir del 14 de Diciembre, pero tomó mayor relevancia a partir de este martes, cuando medios nacionales hicieron una amplia cobertura del caso. La Dirección de Asuntos Guaraníes, que maneja un presupuesto superior a los 20 millones de pesos anuales, nuevamente quedó en el centro de las críticas.

La foto que duele a Misiones

La foto data del pasado 13 de diciembre, en una jornada de extremo calor, cuando fue vista la pequeña mbyá, en situación de calle, tomando agua de la calle a escasas cuadras del Puente Internacional San Roque González. Medios nacionales se hicieron eco de la problemática justo este martes, con notas a las personas que supuestamente tomaron la fotografía.

La dramática imagen deja en evidencia un problema irresoluble para la Renovación: numerosas familias mbyá están residiendo en las calles de Posadas y otras ciudades, en medio de un profundo abandono. La mendicidad, los niños en situación de calle, y en suma, la vulnerabilidad de las comunidades abandonadas por el Estado provincial, quedaron reflejadas en la cruda fotografía.

El problema de los mbya y el incumplimiento de la 26.160

Este problema no es nuevo, pero la difusión de la foto, funciona como un catalizador que empuja a los medios y a la sociedad a repreguntarse sobre, probablemente, el sector más despojado de derechos de la provincia. Justamente, los dueños de territorios ancestrales, cuyos derechos están garantizados por la ley nacional 26.160, de escaso o nulo cumplimiento en Misiones.

Vale decirlo, en el marco de la Ley de Emergencia Territorial Indígena, sancionada en 2009 y prorrogada este año, fueron censadas apenas un 60% de las aldeas. Y el proceso de regularización se ha visto teñido de irregularidades y suspicacias hacia la DAG, que según los propios mbyá, han jugado en contra de la norma. Pero lo más grave es que se han seguido dando desalojos ilegales, en plena vigencia de la norma que, recordemos, prohíbe las expulsiones de comunidades.

Asuntos Guaraníes y el Ministerio de Derechos Humanos, ausentes

La viralización de la imagen de la niña mbyá, reinstala el problema de los guaraníes misioneros, un fiel reflejo del resultado de las políticas públicas del gobierno renovador, en los últimos 14 años. La Dirección de Asuntos Guaraníes, la Defensoría de los Derechos del Niño, Niña y Adolescentes, y el Ministerio de Derechos Humanos de Misiones, quedan en el centro del escándalo, por su virtual ausencia.

La Defensoría de Derechos del Niño y el Ministerio que maneja la rovirista Lilia “Tiki” Marchesini carecen presencia efectiva en situaciones de crisis que involucren a los mbyá. Y la Dirección específica, que maneja el también rovirista, Arnulfo “Miki” Verón, tiene una especial incidencia en tiempos de campaña. Más de una vez han volcado resultados de elecciones en pequeñas comunas del interior de Misiones, a través del manejo clientelar de las comunidades.

Los 20 millones de la DAG, la contracara de los mbyá mendigando

Lo cierto es que la DAG maneja un presupuesto de unos 20 millones de pesos por año, recursos que no se utilizan para mejorar la situación de las comunidades, que están abandonados y han sufrido el despojo, a veces violento, de tierras y recursos. Incluso, las expoliaciones han estado instigadas por funcionarios e intendentes de la Renovación, como ocurrió en el violento desalojo de aldeas de Chapa’í en San Ignacio, este año.

Una foto que muestra las relaciones interétnicas y el abandono estatal

Vale aclarar que los mbya beben agua de los arroyos en sus aldeas, en lo poco que queda de la selva misionera. Que este comportamiento se traslade a la ciudad, remite inmediatamente a las conflictivas relaciones y contactos interculturales entre las sociedades mbya y la occidental misionera. Y choca a sobremanera a la sociedad no-indígena.

Pero el trasfondo de la cuestión no es la práctica en sí, sino lo que implica la imagen: aldeas sin tierras, sin agua, sin recursos y sin autodeterminación. Si los mbya tuviesen territorios, agua potable, semillas, herramientas, asistencia estatal, probablemente no se los vería en situación de calle en las ciudades misioneras.

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