¿Disminuye la creatividad con el paso de los años?

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“Cuando se es joven, se es joven para toda la vida”, sentenció Pablo Picasso.

Él que es uno de los mayores artistas del siglo XX murió a la edad de 91 años y hasta el último de sus días no dejó de crear. ¿Disminuye la creatividad con el paso de los años? Lo más habitual es pensar que la creatividad está más asociada a los niños y a los más jóvenes. Pues bien, venimos a derribar el mito.

Medir la creatividad no es fácil. Hay que tener en cuenta que hay creaciones más productivas que otras, o que hay personas que son creativas en cantidad y otras en profundidad. Componentes esenciales en la creatividad son la inspiración y el talento (que no dependen tanto de uno mismo), pero también el entorno, las circunstancias y la formación.

¿Qué quiere decir esto? Que si la creatividad es el fruto de la combinación de unos elementos para obtener otros novedosos, las personas mayores cuentan con un impresionante bagaje para lograr la creatividad.

Existen varios estudios en los que se desecha la idea de que la creatividad esté ligada a la edad. Por ejemplo, un estudio basado en la creatividad entre los científicos publicado en la revista Sciencie, concluyó con que la probabilidad de publicar un descubrimiento importante es la misma a unas edades que a otras. Y a pesar de que si es cierto que el potencial de una persona puede ir disminuyendo con la edad debido a la falta de motivación y desarrollo, es necesario seguir estimulando esta faceta exploradora.

87 y 92 años tienen, respectivamente, dos de los grandes poetas de los que podemos disfrutar en España en estos momentos: Antonio Gamoneda y José Manuel Caballero Bonald. La realidad es que la poesía de la senectud siempre ha existido y su sentimiento y madurez suelen ser implacables.

La exuberancia literaria, ligada a la juventud de los poetas, suele desembocar en la esencia real de las cosas. Esencia que tan solo puede ser entendida y captada cuando se llega a una cierta edad. Decía Caballero Bonald en una entrevista reciente que “la vejez es sin paliativos una cabronada, una maldita sucesión de pérdidas”, pero que aún así, su cabeza seguía intacta.

Lo mismo sucede con la Filosofía, cuya tradición de autores longevos es aún más fuerte que en poesía. Ernst Jünger murió en 1998 con 103 años, un año después de publicar su última obra.

Su compatriota filósofo y sociólogo Jürgen Habermas tiene 89, y Emilio Lledó 91, ahora miembro de la Real Academia Española. Y qué decir de Gustavo Bueno, fallecido hace u par de años a la edad de 91 años, y considerado como uno de los mayores filósofos del siglo XX y principios del XXI, cuya última y controvertida obra, La fe del ateo, publicó a la edad de 81.

Pablo Picasso, por su parte, fiel defensor de la juventud, pintó a los 80 años unos setenta retratos de su nueva esposa Jacqueline. A los 90, realizó una exposición de casi doscientos dibujos y, el mismo año de su muerte, expuso una colección de aguafuertes. Picasso murió a los 91 años y, la noche anterior a su muerte, dejó sin acabar el cuadro que estaba pintando: Mujer desnuda acostada y cabeza.

Francisco de Goya, otro de los grandes genios de la historia del arte, pintó, antes de morir, a la edad de 82 años, La lechera de Burdeos, pintura considerada como la precursora del futuro movimiento impresionista.

Por último, el cine, otro de los mayores canales de creatividad. Moría en 2014, a los 91 años, Alain Resnais. Y un año antes, Manoel de Oliveira a los 106. Clint Eastwoodno se ganó el título de cineasta hasta que no tuvo pasados los 70 ( y aún parece tener mucha creatividad por explotar a los 88). ¿Y qué decir del creador de la aclamada Chinatown? Roman Polanski (85) dirigió una de sus más ensalzadas películas a la edad de 68, El pianista.

Por su parte, el recién fallecido Bertolucci, rodó en sus últimos años dos de los mayores gritos a la libertad y a la juventud, Soñadores y Tú y yo.

El cine tuvo la suerte de poder disfrutar de longevos directores en su plenitud, como Kurosawa (88), Antonioni (94), Berlanga (89), o Bergman (89).

Recordamos la carta que Kurosawa envió a Bergman cuando este último, a modo de gesto conclusivo, a los 70 años publicó sus memorias asegurando que no volvería a hacer más películas. Uno de sus párrafos:

“Un ser humano nace como bebé, se convierte en niño, pasa por la juventud, la flor de la vida, y finalmente regresa a ser un bebé antes de que termine de vivir. Esta es, en mi opinión, la forma más ideal de la vida.

Creo que estará de acuerdo en que un ser humano se hace capaz de producir obras puras, sin restricciones, en los días de su segunda infancia.
Ahora tengo 77 años y estoy convencido de que mi trabajo real apenas está empezando.
Mantengámonos juntos por el bien del cine…”

¿La conclusión?

No es la creación la que disminuye con la vejez. Al revés: envejece quien deja de crear.


Cultura Inquieta / vm.

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