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“¿No querés ser también mi mamá?»

En 2013 y luego de cinco intentos de tener hijos biológicos, Fabiana Pérez y Norberto Vega lograron adoptar a dos hermanos en Puerto Libertad. La nena tenía graves quemaduras en su cara y ese pedido los ayudó a tomar una decisión crucial: no separarlos.

“¿No querés ser también mi mamá?»

Fabiana y Norberto decidieron adoptar, se anotaron en el Registro de Morón y solicitaron un bebé o un niño de hasta 3 años. «Yo pensaba ‘prefiero un bebé, un hijo grande ya va a tener su personalidad formada, nos va a costar mucho más«, relata Fabiana Pérez (39) a INFOBAE desde su casa de William Morris, en Hurlingham. En Morón les dijeron «no esperen a que los llamemos, salgan ustedes a buscar a sus hijos«.  «En ese entonces estaba permitido adoptar a un niño y trasladarlo a otra provincia. Desde el nuevo Código Civil, en cambio, se prioriza que el niño se quede en su centro de vida, salvo que se haya constatado que en ese lugar no hay familias que deseen adoptarlos«, explica el abogado especialista en Derecho de familia, Esteban García Martínez.La pareja tiene amigos viviendo en Misiones. Esos amigos les dijeron que vinieran, que había Hogares donde podía haber niños. Fabiana y Norberto aprovecharon las vacaciones del 2012 para viajar hasta Puerto Libertad y conocer a  los niños que estaban en «estado de adoptabilidad».

«Ezequiel tenía tres años y medio. Estaba con pañales y un chupetín en la boca. Y sin conocernos se acercó, nos abrazó y nos dio un beso. Mi marido y yo nos miramos y pensamos lo mismo: es él«, cuenta Fabiana. Al día siguiente buscaron a una abogada, fueron al juzgado, presentaron los papeles, lo fueron a visitar durante una semana y recién después volvieron a Buenos Aires. «Nos volvimos sin ninguna autorización pero ya lo considerábamos nuestro hijo«.El tiempo pasó y sin respuestas, la pareja volvió a Misiones en las vacaciones de invierno. «Volvimos al juzgado llenos de fantasmas, pensábamos que muchas parejas estaban tratando de adoptarlo. Pero en el juzgado nos dijeron que Ezequiel nunca había sido pedido por nadie pero que tenía una hermanita y que no los querían separar«. La frase fue esta: «Estamos esperando. Si aparece otra pareja que quiere adoptarlos a los dos, va a tener prioridad. Piénsenlo«.

Betiana tenía 5 años y medio y tenía quemaduras muy graves en la cara. «Se le había caído un brasero encima, no tenía labios, ni nariz, todo eso había sido consumido por el fuego. Pero además, para evitar que la discriminaran habían decidido no enviarla a la escuela. Tenía que estar en primer grado y no había hecho ni el jardín«. Los miedos volvieron a aparecer: ¿si esta nena es discriminada en un pueblo cómo la van a tratar si la llevamos a Buenos Aires? Pero fue ella misma quien los ayudó a tomar la decisión. «Y un día estábamos en el hogar, yo la estaba hamacando, se dio vuelta y me dijo: ‘¿Vos no querés adoptarme? ¿No querés ser también mi mamá?’ Yo me sentí tan egoísta por estar eligiendo sólo a uno de ellos que ahí mismo tomamos la decisión«.

Un año después sin respuesta de la justicia, la pareja volvió al hogar de Puerto Libertad a festejar el cumpleaños de Fabiana con los niños. La respuesta judicial no llegaba y los chicos ya llevaban tres años en el hogar. «El juez se había encaprichado y no lo resolvía. Y como ya éramos tan conocidos en el hogar y nos dejaban sacarlos para llevarlos a una plaza o a pasear, los saqué y los llevé al juzgado para que el juez los conociera«.

«Se los mostré y le dije: ‘Su señoría, mire como están, ¿qué quiere? ¿Que sigan depositados en ese lugar?, ¿qué más necesita ver?«. Para ese entonces, Betiana ya había perdido primer grado y, además del problema estético que sí se podía mejorar, tenía otra dificultades: «No tenía labios, no podía cerrar la boquita, se babeaba, tenía los dientes muy desprolijos y sólo podía respirar por la boca«. El juez, «muy irónicamente«, le dijo: «Bueno, llevátelos, si ya los sacaste«. Fabiana le dijo: «Su señoría, yo quiero ser su madre, necesito su firma, no me los quiero robar«.Fabiana dejó su negocio a cargo de su madre y se quedó siete meses viviendo en Misiones, cerca de ellos. Su marido volvió a Buenos Aires: la empresa de colectivos en la que trabajaba lo estaba esperando. «Cuando llegó octubre le imploré al juez que tomara una decisión. Yo quería pasar el Día de la Madre con ellos«, recuerda. Desde Buenos Aires, una de las hermanas de Fabiana hizo una petición en Change.org que juntó más de 12.000 firmas, y gracias al revuelo que se generó, «me llamaron del Superior Tribunal. Así que lo llamé a mi marido y le dije: ‘Venite volando para acá, creo que lo logramos’«.

El viernes 1 de noviembre de 2013, finalmente, el juez les otorgó la guarda. «Ya teníamos una relación carnal así que nos vinimos, sin lágrimas, para todos era una felicidad total poder estar juntos, en casa«. La familia entonces, decidió no perder más tiempo y ocuparse de la recuperación de Betiana.Dos meses después, la nena entró al quirófano por primera vez: le sacaron cartílago de las costillas para hacerle el tabique nasal, le sacaron piel de la frente y le hicieron la nariz y con un pedacito del cuero cabelludo le hicieron la vellosidad de adentro. La intervinieron para levantar el párpado caído y en la Asociación Piel, una asociación sin fines de lucro que se encarga de operar a niños con labio leporino y malformaciones congénitas, reconstruyeron su labio superior. Betiana además, empezó segundo grado.

«Ella era una nena que se escondía atrás de nuestras piernas. Ahora no. No sólo empezó el colegio: fue elegida mejor alumna. La psicóloga nos dijo: ‘No la traigan más, con el amor que le están dando ella ya superó su trauma«.

Faltan muchas cirugías, lo saben, pero lo importante para esos padres es hablarles a otros padres que estén viviendo lo que ellos alguna vez vivieron. A ellos les habla Fabiana. Lo que les dice es que «no se asusten, que un hijo no es sólo el que se lleva en la panza: miren a nuestra familia, nosotros los elegimos como hijos, pero ellos también nos eligieron como padres«.Fuente INFOBAE

JK

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