¿Cambio cultural o el almuerzo de hoy?

Categorías: Opinión.

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En 1990 el director Brian De Palma llevó al cine “The Bonfire of the Vanities” (La hoguera de las vanidades), la novela que Tom Wolfe había escrito tres años antes. Sherman McCoy (interpretado por Tom Hanks) es un corredor de bolsa al que le va muy bien en Wall Street. Cierta noche él y su amante, María, van en auto y se pierden en el camino a su departamento, metiéndose en el Bronx, el particular barrio de la ciudad de Nueva York. María, asustada al pensar que iban a asaltarlos, acelera y atropella a un joven negro que queda en estado de coma. A partir de allí lo sucedido, la verdad, no le importa a nadie. Cada actor social, cada grupo, intenta llevar agua para su molino y acomoda los hechos a conveniencia. Entre ellos Peter Fallow, un periodista que vive entre San Juan y Mendoza (a cargo de Bruce Willis),  y que explota la historia del chico negro y pobre atropellado por el blanco y rico, historia que amerita una justicia ejemplar (el  blanco ni siquiera manejaba). En algún momento ambos, Sherman y Fallow, coinciden en el metro (subte). Sherman, abatido por el escarnio público al que es sometido, le pregunta a Fallow porqué de pronto todo el mundo actúa como si lo conociera de siempre. Lo tutean, lo llaman por el nombre, lo alaban o lo insultan. Le pregunta por qué él es tan importante. Y Fallow le responde: “No sos importante. Sos el almuerzo de hoy. Dentro de una semana o un mes nadie se va a acordar que almorzó”.

A partir de la denuncia de Thelma Fardin-apoyada por un colectivo de actrices-contra el también actor Juan Darthés por un abuso perpetrado, según la chica, hace casi una década en Nicaragua siendo ella menor de edad, se desató una ola de denuncias de mujeres que manifiestan haber sido abusadas por hombres en algún momento de sus vidas. Algunos analistas de la realidad postulan que este fenómeno es la génesis de un cambio cultural que vino para quedarse y que puso en crisis al sistema patriarcal y al machismo que tanto daño ha causado-y causa-a tantísimas mujeres de todas las edades y de toda condición social.

¿Sí? ¿Se trata de ese bienvenido cambio? ¿O es el almuerzo de hoy, mañana, pasado y algunos días más de una sociedad que no se informa para tomar conciencia y modificar conductas sino para entretenerse y opinar para poder matar el tiempo libre?

Hace poco, en Aristóbulo del Valle, sucedió algo espantoso. Cecilia Krojoski, una mujer de 34 años, fue asesinada en la calle y en pleno día por su exesposo. Un tipo que había estado preso por intentar matarla. Cuando salió, sin que nadie notifique de su salida a Cecilia, fue a intentar lograr lo que antes no pudo. Y lo logró. La mató. ¿Quién, quiénes, desde el poder judicial misionero, se hicieron cargo de semejante desidia que se llevó la vida de una persona que hoy debería seguir respirando?

También hace poco el impresentable Claudio Filippa, alcalde de Puerto Iguazú, llamó a “que le den pija” (sic) a una periodista del diario El Territorio, disgustado con un artículo que publicó la colega. ¿Filippa fue destituido por semejante acto? ¿Rovira lo echó de la renovación? ¿Hubo una cantidad de voces de dirigentes de todos los espacios políticos, incluido el oficialismo, repudiando tamaña barbaridad con la fuerza que solo da la sinceridad? No. No pasó nada de eso.

A ver. A Cecilia el estado no la protegió y ya nadie la recuerda porque no era famosa. A Filippa no le dicen nada y sigue en su cargo tranquilito porque lo banca Rovira y entonces hay que callarse así no se enoja el jefe. Entonces, ¿de qué hablamos? ¿Cambio cultural?  ¿Qué pueden esperar las mujeres cuyos trabajos no son mediatizados o aquellas abusadas por los intocables de la política?

Sería estupendo que las mujeres maltratadas, abusadas, o en peligro de serlo, empiecen a contar con una red de protección estatal en serio que vaya más allá de lo mediático y que actúe sin importar si el abusador es del gobierno que, por ahí,  te acomodó en tu laburo o por el que simpatizás. Pero, ¿es eso lo que ha empezado a forjarse? ¿Cecilia viviría aún si hubiese sido famosa? ¿Filippa hubiera sido destituido si fuera radical?  ¿Estamos ante un cambio que, de a poco y con marchas y contramarchas, nos va a mejorar la vida a todos?

¿O, simplemente, hoy almorzamos un Darthés a la olla, con arvejas y vino blanco?

Walter Anestiades, para misionescuatro.com

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