Cultura y Espectáculos

Escandalizarse por el caso Weinstein es de idiotas

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Cosby no ha pisado la cárcel. Como tampoco la pisaron Polanski, ni Woody Allen, ni Oliver Stone.

Escandalizarse por el caso Weinstein es de idiotas

Cosby no ha pisado la cárcel. Como tampoco la pisaron Polanski, ni Woody Allen, ni Oliver Stone.Escribe María Luisa Latorre para TribunaFeminista.org. Ella es una profesional del marketing. Vive actualmente en Bristol, tras más de veinte años en Estados Unidos y tres en Japón.

Cualquier persona que haya estado conectada por los medios sociales esta última semana, habrá visto una etiqueta que dice así: #metoo Su traducción del inglés al castellano significa “yo también” y forma parte de una campaña viral, de la actriz estadounidense Alyssa Milano, para llamar la atención sobre lo común que es, que una mujer sufra acoso sexual. En efecto, este tipo de intimidación no es algo que nos pasa a un numero ínfimo de nosotras, sino de hecho, un evento muy ligado a la experiencia de ser mujer en un mundo patriarcal. Milano, con su iniciativa estaba intentado llamar la atención sobre el productor de peliculas Harvey Weinstein, el cual actualmente está siendo denunciado públicamente por muchas actrices estadounidenses de acoso sexual y hasta violación.

Los medios de comunicación apenas están pudiendo mantener la cuenta sobre el número de actrices, todas ellas muy famosas, que están señalando con el dedo a Weinstein y hablando de comentarios obscenos, tocamientos y coacciones varias. Al mismo tiempo, se suceden algunas consecuencias de las acusaciones: La misma empresa que Weinstein fundó lo ha echado, y su mujer lo ha largado inmediatamente. El sentimiento general es de sorpresa y de felicitaciones por lo rápido que se están desencadenando los castigos al cabrón. Mucho más si cabe, al ver a varios actores haciendo un mea-culpa en varios medios, aludiendo a haber sido testigo de casos de acoso y no haber respondido, y jurando y perjurando que la próxima vez, en lugar de mirar a otro lado, actuarán con decisión y cortarán el acoso de tajo. Hago un inciso aquí para decir, que, lejos de Hollywood, mientras tantas de nosotras hemos estado compartiendo nuestro #metoo por los medios sociales, hemos visto muy poca respuesta de los hombres a quienes seguimos virtualmente o en la vida real. Estos hombres son amigos, parientes, parejas. Casi todos bien callados. Parece que, igual que nos morimos así de repente (no nos matan), el acoso sexual es un crimen sin autores.

Mi sentimiento ahora mismo es de sorpresa. No por el caso Weinstein. Lo que me choca es el escándalo que se ha montado. Vaya, que cualquiera diría que el problema del acoso sexual se ha inventado hace dos días, cuando no es así. La iniciativa de #metoo es una vez más, una llamada en masa de las mujeres a una realidad con la que vivimos diariamente pero en absoluto lo que denunciamos es un fenómeno nuevo. Desde campañas virales por internet, hasta denuncias formales, batallamos lo mejor que podemos, y perdemos muy a menudo. Nos acosan en el trabajo, en la calle, en nuestras casas, en todos sitios. No nos cansamos de decirlo y lo agotador es que no sirve de nada.

El sistema patriarcal coloca a la mayoría de las mujeres en una posición subordinada a la de los varones. Siempre vamos a tener encima a un hombre el cual disfrutará, por serlo, de más derechos y privilegios que nosotras. Hay mucho cabrón suelto que aprovecha la situacion para obtener favores sexuales sin consentimiento. En el caso de Weinstein, lo que dicen las actrices es que habían de pasar por el aro para trabajar. Nos parece que siendo jóvenes y guapas esto no les debería suceder. Pero esto ocurre en todos los ámbito laborales: desde ese concejal del PSOE de La Laguna que se jactaba de “follar a empleadas a las que enchufaba en el Ayuntamiento” a empleadas del hogar (muchas de ellas inmigrantes) que aguantan todo tipo de vejaciones para poder comer, o aquel jefe (el cual fué denunciado y absuelto) por llamar “chochitos” a sus empleadas. El problema es estructural y el sistema que lo sustenta se llama patriarcado.

Insisto, las agresiones sexuales ocurren en todos los ambientes y a todos los niveles y en todos lugares, desde migrantes campesinas, hasta funcionarias que trabajan con presidentes (Bill Clinton aparte del escándalo con Monica Lewinski, fué denunciado en otras ocasiones por acoso sexual), incluso jueces del tribunal supremo de Estados Unidos. Anita Hill es una catedrática afro-americana de 61 años. En 1991, Hill denunció por coección sexual a su jefe, Clarence Thomas, el cual era en aquel momento candidato a juez supremo de Estados Unidos. El caso, que fué ampliamente cubierto por los medios de la época, causó sensación en el país. Hill tuvo que testificar delante de un grupo de senadores y aunque ella mantuvo muy bien su compostura, la machacaron, siendo la víctima doblemente oprimida por mujer y por su raza. El partido republicano la acusaba de querer arruinar la carrera de Thomas. Al final, Thomas fué jurado como juez supremo de Estados Unidos, posición que todavía conserva. Pelillos a la mar.

Volviendo al mundo de la farándula, muchas actrices durante años han hablado del acoso sexual que han sufrido; desde Marilyn Monroe, hasta Joan Collins (la cual asegura que el papel de Cleopatra fué a Elizabeth Taylor porque ella no quiso acostarse con un directivo) pasando por Shirley Temple, Joan Crawford y un largo etcetera. Y la mayoría de los violadores/ acosadores actuaron con total impunidad. El acoso sexual no es ni una invención, ni algo nuevo; las mujeres llevamos años denunciando el acoso, los ataques, las violaciones. Es el sistema patriarcal el que no quiere enterarse.

Y otra vez, sobre el caso Weinstein, mientras los medios flipan (“Hollywood en crisis”, dice un titular) y los actores se rasgan las vestiduras, lo cierto es que los acosadores, los violadores no sufren consecuencias serias. Me da igual que Weinstein haya perdido su trabajo y su esposa lo haya dejado: Sigue siendo un millonario y enseguida encontrará otra mujer. Dentro de unos meses nadie se acordará de él. Lo que hace falta es que los violadores y acosadores vayan a la cárcel de una vez, o que por lo menos haya un juicio y tengan que pagar una indemnización, como pasó en este caso. Lo que hace falta es justicia.

Hablando de juicios, en Estados Unidos hace unos meses, hubo, por fin, un juicio al actor Bill Cosby, por violación. A pesar de haber sido acusado públicamente por unas 60 mujeres, este caso concreto, el cual podría haber abierto otros, no procedió; Cosby no ha pisado la cárcel. Como tampoco la pisaron Polanski, ni Woody Allen, ni Oliver Stone, ni tantos otros. No solo no han ido a la cárcel, sino que, recordemos, en Estados Unidos el actual presidente es un señor que también ha sido acusado de acoso sexual y está orgulloso de serlo. ¿Qué tenemos que hacer las mujeres para que se nos tome en serio?.

vb

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