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Bolsonaro en plena crisis: “Esto es un constipadito, hay que volver a la normalidad”

El presidente brasileño critica las medidas para restringir la circulación del nuevo coronavirus, minimiza los peligros de la enfermedad y ataca a los medios de comunicación.

Bolsonaro en plena crisis: “Esto es un constipadito, hay que volver a la normalidad”

El presidente Jair Bolsonaro dejó atónito a medio Brasil con un pronunciamiento especial retransmitido en televisión la noche de este martes. En apenas cinco minutos cargó contra la «histeria» de la prensa, criticó las medidas de prevención y aislamiento y volvió a minimizar el drama del nuevo coronavirus, que empieza a mostrar sus garras en Brasil, con más de 2.200 casos confirmados y 46 muertos.

«El virus llegó, le estamos haciendo frente y en breve pasará. La vida tiene que continuar, los empleos tienen que mantenerse, se debe mantener el sustento de las familias, tenemos que volver a la normalidad», dijo Bolsonaro, que criticó duramente las medidas restrictivas que los gobernadores están implantando a falta de directrices claras por parte del Gobierno central.

Bolsonaro pidió que las autoridades locales abandonen el concepto de «tierra arrasada», y criticó la «prohibición de transportes, el cierre del comercio y el confinamiento en masa», precisamente lo que está haciendo prácticamente todo el planeta para luchar contra el Covid-19.

Este mismo martes entró en vigor en los estados de São Paulo y Río de Janeiro (los más afectados de momento) un decreto que prohíbe toda la actividad económica no esencial. Millones de brasileños empezaron a encerrarse en sus casas por su cuenta, a pesar de los mensajes que llegan desde la presidencia.

El líder ultraderechista se permitió incluso ironizar con la virulencia del virus, diciendo que él, que fue «atleta» (en realidad fue paracaidista en sus primeros años en el Ejército) no debería preocuparse en caso de infectarse, porque el Covid-19 es «una gripecita, un constipadito». Bolsonaro ya usó estos términos hace unos días y le llovieron las críticas. Hoy quiso repetirlo en su mensaje institucional a todas las casas del país.

«Lo que pasa en el mundo ha demostrado que el grupo de riesgo es el de personas por encima de los 60 años; entonces, ¿por qué cerrar las escuelas?», se preguntó, y quiso tranquilizar a la población diciendo que Brasil tiene un clima diferente al de Italia, dando valor a la teoría (no demostrada) de que el nuevo coronavirus se comportaría diferente en países tropicales.

Bolsonaro empezó su discurso cargando, de nuevo, contra los medios de comunicación, acusando a la prensa de difundir el «pavor» y la «histeria» por el país. Mientras hablaba, resonaban en los balcones y ventanas las caceroladas, como sucede cada noche en las principales capitales del país desde hace una semana.

POPULARIDAD EN CAÍDA LIBRE
El discurso de este martes traspasó muchos límites, e incluso líderes que estos días intentan dar una imagen de unidad confesaron sentirse perplejos. El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, aseguró que la postura de Bolsonaro de ataque a las medidas de contención del virus es «grave» y que el país necesita un líder serio.

«Está desconectado de la realidad, desconectado de la acción del ministerio de Salud, pone trabas al trabajo de los gobernadores y desprecia los efectos de la pandemia», lamentó el gobernador del estado de Espirito Santo, Renato Casagrande. Para el opositor Flavio Dinho, gobernador del estado de Maranhão, Bolsonaro dio luz verde a su propio proceso de impeachment.

El sentimiento de alerta ante la falta de un liderazgo responsable parece estar cuajando entre los brasileños con la misma rapidez que el virus. El 33 por ciento de los brasileños define su gestión de la crisis sanitaria como «mala o pésima»y el 26 por ciento «regular», frente al 54 por ciento que valora positivamente el trabajo que están haciendo los gobernadores, que son quienes están implantando por su cuenta las medidas más restrictivas a los desplazamientos y las aglomeraciones. La desaprobación hacia Bolsonaro es aún mayor y roza el 50 por ciento en la ciudad de São Paulo, reducto bolsonarista donde el coronavirus ya ha dejado 40 muertos. / El Mundo

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