El olvidado

Categorías: Opinión.

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¿Sabías que el majestuoso Parque de las Naciones de Oberá, dónde por estas horas transcurre otra edición de la Fiesta Nacional del Inmigrante, se levanta en tierras donadas por un señor al que, lejos de agradecerle su actitud altruista, la dirigencia obereña lo maltrató hasta el hartazgo?  Difícil que lo sepas, salvo por este espacio. Su nombre fue borrado de la historia y no hay siquiera una placa que les recuerde quién fue a los visitantes del parque.

Se llamó Víctor Benito Alfaro. Un ingeniero y agrimensor rosarino radicado en Oberá a fines de la década del cincuenta. Era peronista y le tocó soportar los duros tiempos de la proscripción, de las dictaduras y de los “gorilas” de verdad. Llegó a ser concejal obereño, diputado provincial misionero  y fue también el primer decano de la Facultad de Ingeniería de Misiones en 1973.

Su hija Juana nos contó la historia que publicamos en Misiones Cuatro. Y que no vas a leer en ningún lugar más (https://misionescuatro.com/provinciales/fiesta-inmigrante-negocio-rindfleisch/)

“Papá siempre trabajó. De hecho,  vino a esta zona para hacer un trabajo como agrimensor, en un concurso que hizo el estado nacional y él ganó. En 1963 él y mi tío Mario Alfaro, que también se radicó en Oberá, compraron un lote, una chacra de unas cuarenta hectáreas. Era una inversión. Exactamente el lote Agrícola Nº68 de la sección tercera, de la colonia Picada, de Bonpland a Yerbal Viejo. La municipalidad incluyó ese lote en la zona de urbanización. El 6 diciembre de 1977, ya con mi tío Mario viviendo en Buenos Aires, mi padre hizo caso de las leyes nacionales y provinciales que exigen que en toda nueva urbanización se destine el veinte por ciento a de la superficie a espacios verdes y edificios públicos, y donó ese veinte por ciento de esas tierras, unas ocho hectáreas, al municipio de Oberá. El interventor a cargo de la municipalidad era Eladio Villaverde. Mi papá quería mucho a Oberá y le encantó donar esas tierras. Pretendía que  se usaran en beneficio público, cosa que además exigía la ley”, narró Juana.

Y continuó…”“Al año siguiente, 1978, el municipio de Oberá le compró a mi padre dos hectáreas más. Con lo que ya teniamos al estado comunal con diez hectáreas a su disposición para el bien público. Ocho donadas y dos compradas. Pasó un tiempo, retornó la democracia y en 1989 el radical Sábato Romano, entonces intendente de la ciudad, le propuso a mi papá permutar otras tres hectáreas de esos terrenos que eran de él y de mi tío por otros terrenos ubicados en otra zona de la ciudad y que habían sido donados por la familia Bárbaro (la misma de “Ticha” y “Marilyn”). Hicieron la operación. Y así se formó en 1989 lo que hoy es el Parque de la Naciones con trece hectáreas”.

“El gobierno de Sábato Romano pidió un subsidio al estado provincial para comprar más tierras y agrandar el Parque, pero no se lo dieron. Por entonces la Fiesta Provincial del Inmigrante, que aún no era “nacional” se hacía, desde su inauguración en 1980, en el complejo deportivo municipal  “Ian Barney”. Al tiempo mi padre le vendió  terrenos al empresario Elías Andrujovich, que levantó  allí las famosas cabañas hoteleras. Todo en la misma zona del Parque de las Naciones. Bueno, de pronto empezaron los problemas para papá”

“Durante la gestión de Romano acusaron falsamente a mi padre de no pagar los impuestos de algunos de sus terrenos. Incluso  la jueza  Aída Rosa Araujo Vázquez de Moreira (la misma que en el año 2000 fue separada del cargo envuelta en un escándalo por venta de bebés) ordenó un allanamiento al domicilio particular de papá, usando la fuerza pública, para embargar bienes por ejecución fiscal. Es más, el abogado de la municipalidad, Juan Szymczak, fue a verlo a mi padre y encima lo cargaba y le faltó el respeto. Le decía, “eh, ustedes los peronistas, tanto hablan de la justicia social y no pagan los impuestos”. Estuvieron a punto de poner en remate el mismísimo Parque de las Naciones”

“Encima que mi padre había donado un terreno para el bien público, lo acusaron de no pagar impuestos y le allanaron la casa. Todo bien prepotente. Cuando la cosa se aclaró y se supo que fue un error-por decirlo así-, en la familia le hinchábamos a papá para que le hiciera juicio a la municipalidad. Pero papá  no quería llegar a eso. A pesar de todo lo que iba a seguir pasando. Fallecido Sábato Romano lo sucedió como intendente el también radical Miguel Oliveras (luego diputado provincial y funcionario de EMSA, ya en tiempos de la renovación). Oliveras iba a ser el mentor político de Rindfleisch. En noviembre de 1996 Oliveras pidió la expropiación de otros terrenos que pertenecían a mi padre y a mi tío. ¿Por qué? Decían que los precisaban para ampliar el Parque de las Naciones y adecuarlos a los nuevos proyectos que tenían para la zona. El Concejo Deliberante de Oberá dictó una ordenanza prohibiendo que mi padre y mi tío vendieran la manzana nº 68 del lote agrícola 60, los terrenos que quería Oliveras. Le estaban “prohibiendo” que venda su propiedad. Como si fuera poco el diputado provincial radical obereño Elso Rafael Dutra, presentó un proyecto para que el estado provincial expropie ese terreno. Pero eso, gracias al buen tino de la Cámara, no prosperó. Papá siempre decía “me persiguen porque soy peronista de verdad”. Con el tiempo Dutra fue a verlo a papá y le pidió disculpas. Poco después, en 1997, Ewaldo Rindfleisch, también radical y de la mano de Oliveras, asumió como presidente de la Cooperativa Eléctrica Limitada de Oberá, CELO”.

“Finalmente mi tío Mario vendió los terrenos que tanto querían expropiar. Eso fue en el 98 y 99. Los compró el estado con ATN (Aportes del Tesoro Nacional). Lo llamativo es que el estado puso 1.200.000 pesos. Y a mi tío le pagaron 120.000 pesos, la décima parte. ¿Y el resto? Para rematarla te cuento que a mi tío y a su abogado los declararon “personas no gratas” y les prohibieron la entrada a la Fiesta Nacional del Inmigrante. Que se hacía en el terreno que mi tío y mi papá donaron”, concluyó Juana.

En 1984 se aprobó un proyecto para la creación del Parque de las Naciones, que contemplaba la construcción de casas típicas en un predio de diez hectáreas donadas por la municipalidad. Las que había donada el ingeniero Alfaro. En 1989, en la Fiesta Provincial del Inmigrante, aún en el complejo deportivo municipal, empezó a hacerse la feria comercial. Su primera denominación fue Feria de las Naciones del Noreste Argentino (Ferinnea). En 1992, pasó de ser Fiesta Provincial a Fiesta Nacional del Inmigrante, con sede permanente en Oberá, por medio del Decreto Nº 421, que dictó el entonces Presidente de la Nación, Carlos Menem. En 1997 la Fiesta Nacional del Inmigrante pasó a tener como sede el Parque de las Naciones. Allí las colectividades construyeron sus casas típicas y también la Casa Argentina. Y allí se hace la Fiesta hasta hoy. En la misma década del noventa se constituyó la Federación de Colectividades, encargada de organizar la Fiesta y que además tiene la tarea de mantener y hacer crecer el Parque de las Naciones. Con Rindfleisch ya entronizado en la vida pública obereña-titular de la CELO y luego concejal radical entre 1999 y 2003-,la municipalidad y Federación de Colectividades concesionaron la explotación de la feria comercial a la empresa ARQUEV.

Lo que sigue también es historia conocida…para los que se informan con Misiones Cuatro.

Un hombre llamado Víctor Alfaro llegó de Rosario a Oberá y se enamoró de esa tierra. Hizo cuanto pudo por ayudarla a crecer. Le pagaron con difamaciones, prepotencia y escarnio público. Lo botaron de la ciudad.

Lo que leíste pasó y tiene vigencia. Una sociedad abúlica, manejada por pusilánimes y canallas, es bombardeada con el argumento de que sacar a la luz este tipo de “curros” es ser “antiobereño” o “antifiesta”. Nada nuevo. Aldeanismo de dos pesos con veinte que enmascara negocios y complicidades.

“Mi memoria es magnífica para olvidar”, decía Robert Louis Stevenson (el autor de “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde).

La nuestra, no.


Walter Anestiades

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