Así evitó Eire que la bombardearan en la Segunda Guerra Mundial

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Tras los bombardeos de la Luftwaffe en Belfast y Dublín, en 1941, el gobierno de Éamon de Valera decidió proteger la isla con  gigantescas señales. Y aparecieron casi 80 años después, debido a un incendio.

Imagen la vanguardia

En tiempo de guerra, no hay nada más preciado que la seguridad. Especialmente si eres miembro de un país que se ha declarado neutral. Irlanda no iba a participar en la Segunda Guerra Mundial, pero los bombardeos de la Luftwaffe sobre Belfast (Irlanda del Norte) hicieron temer lo peor. Así que los irlandeses idearon una fórmula para evitar ser atacados. Casi 80 años después, ha aparecido el último de estos símbolos.

La medida fue tan simple como efectiva. En distintos lugares de la isla de construyó en grande la palabra Eire (Irlanda, en el idioma local) utilizando piedras. Hace apenas unos días, los incendios forestales en el condado de Wicklow, en la costa este, han dejado al descubierto un “letrero gigante” en Bray Head, una montaña de 243 metros situada entre las poblaciones de Bray y Greystones.

El “cartel” fue descubierto por un avión de la Unidad de Apoyo Aéreo de la Garda, la policía irlandesa. Además de Eire, en la inscripción también aparece el número 08, mucho menos visible y que designaba el puesto de vigía que había en este lugar. Todos estos textos (unos 85 en toda la isla) de enormes dimensiones fueron colocados entre 1942 y 1943.

Meses antes, la aviación alemana había llevado a cabo un cruento ataque sobre Belfast. Su objetivo eran los astilleros Harland y Wolff, que también fabricaban componentes de tanques y artillería. El 15 de abril de 1941, Martes de Pascua, 180 bombarderos de la Luftwaffe atacaron la ciudad, que solo contaba con 7 baterías antiaéreas para defenderse.

Los alemanes lanzaron más de 200 toneladas de explosivos, 80 minas terrestres atadas a paracaídas y 800 bombas incendiarías. Murieron más de 1.000 personas y 56.000 casas (más de la mitad de las viviendas de la ciudad) quedaron destruidas. Unas 100.000 personas se quedaron sin hogar. Fue el segundo ataque aéreo nocturno con más pérdidas (por detrás de Londres) durante la Batalla de Inglaterra.

El gobierno que lideraba el Taoiseach (primer ministro) Éamon de Valera, del partido republicano conservador Fianna Fáil, había declarado la neutralidad de Irlanda en el conflicto en septiembre de 1939. Aún así, De Valera protestó formalmente ante Berlín y pronunció un discurso en el que dijo: “Ellos (los norirlandeses) son nuestro pueblo”.

Semanas después, el 30 de mayo, el norte de Dublín (capital de la República de Irlanda) se convirtió en objetivo de Hitler. Treinta y ocho personas murieron y setenta casas fueron destruidas en los barrios de Summerhill Parade, North Strand y la North Circular Road. El gobierno alemán dijo que el ataque había sido un error, que los vientos altos habían desviado a sus aviones.

Fuera verdad o mentira esa explicación, lo cierto es que el ejecutivo irlandés no quiso encontrarse con más sorpresa. Por eso el Servicio de Observación Costera recibió la orden de colocar puestos de vigilancia en puntos estratégicos de la costa que servían para monitorear la beligerante actividad en el mar.

No solo servían para eso, si no que los soldados que guardaban estos puestos escribían textos gigantescos para que sirvieran de ayuda y aviso para el gran número de aviones que sobrevolaban la isla, desde los cazas alemanes hasta los bombarderos estadounidenses, pasando por los miembros de la RAF británica.

Estos Look Out Post (puestos de vigía) eran una forma ideada por los irlandeses para protegerse incluso contra una posible invasión y requirieron que una persona vigilara cada sitio las 24 horas del día. Todos estos puestos estaban gestionados por una institución que se llamaba Coast Watching Service, e implicó construir cabañas a una distancia de entre ocho y 25 kilómetros a lo largo de una costa de 3.170 km desde Ballagan Point (en el condado de Louth) hasta Inishowen Head (en Donegal).

Después de la Segunda Guerra Mundial, estos sitos fueron cerrados y la mayoría están hoy en día en ruinas o han desaparecido completamente. Los fuegos ocurridos por culpa de la sequía prolongada que azota la isla les han devuelto a algunos de estos puntos estratégicos la importancia que tuvieron en el pasado.


David Ruiz Marull – Diario La Vanguardia-Clarín

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