Opinión

La paciencia tiene un límite

Columna de opinión por el periodista Eduardo Pérez.

Más allá de las palabras, de los discursos y de las ideologías, está la palpable realidad, ahí presente, por más que no se quiera ver o escuchar.

Y es nada más y nada menos que la vida cotidiana del ciudadano de a pié. Esa realidad que no terminan de entender, y menos de reconocer, los que gobiernan.

El misionero es tranquilo. “Así nomaaaaaa eeeee…”, se dice una y otra vez. Y a la luz de los hechos, también se piensa de esa manera. Todo puede pasar, total el ciudadano sigue aguantando de todo.

Por supuesto que no es recomendable perder la paciencia, pero también es cierto que no se puede aguantar eternamente el sometimiento y el abuso.

“Hay que ser solidario”, dice ahora este gobierno popular que invento una nueva trampa, un nuevo relato para seguir ajustando al trabajador, al jubilado, a todos digamos.

Solo cambian los slogans, cambian las formas, pero en el fondo, todo sigue igual. Impuestos, inflación y cargas económicas de todo tipo y color para sostener a una casta de dirigentes políticos que nunca pierden, nunca. Solo ganan, siempre.

El caso de Omar Riegel es eso, es la cruda realidad. Y a la vez, también pareciera ser el fin de la paciencia infinita de la gente de la tierra colorada.

Omar es propietario de un restaurante en Campo Grande, Misiones. Hace 14 años trabaja a destajo para mantener a su familia y a su empresa, pero el último fin de semana tuvo que cerrar sus puertas, no por gusto, sino porque el voraz sistema lo llevó al abismo.

Seguramente soportó muchas crisis, pero ya no aguantó más. “¿Trabajar para qué tanto?”, dijo en un video que grabó el último día que abrió las puertas de su negocio.

“Yo trabajo para mantener a EMSA, a la AFIP, a Rentas y a los políticos, así no puedo seguir más”, sentenció en el mismo momento que bajaba las persianas de su sueño.

Es que la presión fiscal de DGR, de la AFIP y las abusivas facturas de energía eléctrica, entre otras cosas, lo derribaron.

Golpe tras golpe, año tras año hasta que llegó el Knock Out.

“No me alcanza ni para pagar Rentas”, se justificó al pasar y también contó que por ejemplo el año pasado pagó 10 mil pesos de luz en esta misma época y ahora le llegó una factura de 25 mil pesos por el mismo consumo “Eso es lo que no se soporta más”, sentenció.

“Trabajamos para pagar a los políticos”, insistió Omar, que como otros cientos de misioneros está tambaleando.

El caso debería preocupar a los gobernantes, no sea cosa que a todos los ciudadanos de a pie que apuestan al trabajo les llegue el Knock Out antes de llenar las arcas del Estado.

Las palabras y las gestiones deben acompañar la realidad de la gente. De lo contrario, así, en algún momento, no quedará nadie que pueda pagar la factura.

Comentarios
Más noticias